De la olla popular al concejo deliberante (entrevista a Patricia Iribarne)

Por Mariano Pacheco


“Evita, para mí, es todo”, dice Patricia Iribarne, quien fue electa concejal en Quilmes por el Frente de Todos, en la última elección, luego de dos décadas y media de actividad social territorial y quince años de militancia en el Movimiento Evita del distrito.



¿Cuándo y cómo empezaste a militar?


Yo me sumé en el 2005. Tenía un comedor, que lo sostuve durante diez años, con mi familia: le dábamos de comer a casi trescientos pibes. Y un día alguien me dice si quería tener una reunión con un compañero que nos iba a venir a dar una mano, y ahí se acercó el Negro Fabio. Yo, como siempre en esa época, le mangueaba algo a todo el mundo, para poder darle de comer a los pibes. Y el Negro vino, nos ayudó y empezó todo un nuevo camino que sigue hasta hoy. Fue algo muy portante para mí, porque más allá de que hoy es mi compañero de la vida, hay algo que me marcó, y fue que en ese camino entendí muchas cosas que antes no podía ver. Yo era feliz dándole de comer a los pibes, porque era lo que hacía, lo que me salía, pero entonces entendí que lo que tenía que hacer era salir a pelear para que esos padres tuvieran laburo, para que no se destruyera la mesa familiar. Ahí fue que me sumé al Movimiento Evita, y desde entonces no paré: no paré de informarme, de aprender. Me sumé durante el gobierno de Néstor, creo que es algo que marcó, y me marcó, como militante (tanto Néstor como Cristina) y fui aprendiendo cada día que había algo y que tenía que cambiar la realidad de mi pueblo; que por eso militaba y por eso luchaba.


¿Y cuál fue, hasta ahora, tu función en el Movimiento Evita de Quilmes?


Hasta ahora formé parte de la Mesa Política del Distrito. Hoy hay muchísimos barrios con necesidades necesidades acá en el distrito pero, gracias a Dios el Movimiento Evita ha crecido mucho en Quilmes, y hemos construido cosas que creo que va a quedar para toda la vida, hasta cuando nosotros ya no estemos, como el Jardín de Primera Infancia que armamos en nuestro obrador de Rodolfo López. También tenemos un Centro Cultural, un comedor que ya tiene 22 años, y tuvimos que desde 2016 (debido a esta situación que es evidente), las Copas de leche y nuevos comedores, en casi todos los barrios en donde estamos la verdad. También tenemos una recicladora, un Polo Productivo llamado Néstor Kirchner, otro Polo (EL Eduardo Pereyra Rossi), donde las compañeras y compañeros hacen capacitación y oficio, con herrería, carpintería, textil. Después, con el tema este de que el gobierno de Macri mandaba a estudiar a los beneficiarios de algunos programas sociales, armamos “Fines” en todos los lugares, para garantizar la terminalidad educativa. Y lo último que hicimos, en la ribera de Bernal, fue nuestro Centro de Evacuados. Acá vivimos unas quinientas familias. Es un lugar muy vulnerable, donde la presencia del Estado municipal en estos años ha sido prácticamente nula. Esto también siempre lo remarcamos: porque cuando se inunda se llevan a los vecinos que sufren la inundación a una escuela, a una salita y no a un lugar acondicionado para eso, como armamos acá, donde la gente puede tener una cama con colchones y frazadas, baños para poder bañarse e higienizarse y estar tranquilos, y eso puedo decir con orgullo que lo construimos desde nuestra organización. Además, el lugar vienen funcionando también como Casa de Tránsito para mujeres en situación de violencia. Eso en lo social. Después creo que pudimos construir una política seria en el distrito, y producto de esa política hemos ganado las elecciones y en ese marco fui electa concejal.


En 2005, cuando empezaste a militar, ya llevabas 10 años con un comedor. Cuándo te sumaste al Movimiento Evita: ¿ya eras peronista o ahí te hiciste peronista ahí?


Ya era peronista. Tenía una tía que militaba en Quilmes, y yo vivía en una piecita con ella y la vieja tenía todas cosas de Perón y Evita, y nos regalaba. Mi vieja también era peronista, pero yo hasta entonces nunca había militado. Lo que había hecho hasta ahí había sido todo siempre desde el trabajo social. Yo estudié para maestra jardinera, tuve un jardincito en el 97/98 ponele, donde trabajé de maestra jardinera. Ejercí la docencia, con mis hijas chiquitas, para poder sobrevivir, pero también para poder ayudar. En ese momento al jardín no le entraba un mango, porque nosotros cobrábamos muy poco, era más lo que nosotros poníamos para comprarle el material a los pibes que lo que nosotros teníamos de ingreso con la otra maestra con la que estábamos. En ese momento se produce el fenómeno del trueque: empezábamos a cocinar toda la noche, en familia. Mis hijas chicas se iban temprano para hacer la cola en La Bernalesa (que fue el lugar más grande en Quilmes donde se hizo el trueque), y así sobrevivíamos. Traíamos para comer nosotros y traíamos para poder darle de comer a los pibes también. Diez años tuvimos nuestro comedor, que es una institución que la hice yo sin saber nada. Un día me senté y me puse con la máquina (porque en ese momento se hacía todo con la máquina de escribir). No sabía cómo hacer la verdad, pero nos fuimos a La Plata, armamos los proyectos y hoy tenemos esa institución que, como te decía, ya tiene 22 años.


Me decías que, incluso sin militancia, ya eras peronista. ¿Qué es el peronismo para vos? ¿Y que implica en ese ser peronista la figura de Evita?


La verdad, Evita, para mí, es todo. El primer libro que leí en mi vida fue uno de Evita. Y viéndolo hoy, en base a la realidad que se está viviendo y cómo están sufriendo las compañeras del campo popular (las compañeras que menos tienen) y los derechos que estamos perdiendo como mujeres, algo que tanto nos costó y que tanto nos dio ella y la verdad es que creo que, si hoy Evita viera cómo está sufriendo su pueblo, cómo están sufriendo las compañeras de los barrios, cómo perdimos derechos como trabajadoras, cómo hoy las compañeras que (nosotras lo decimos siempre desde la CTEP) están en la casa y le dan de comer a los pibes, no se ven y no se identifican como trabajadoras, lo son y son compañeras que no tienen una remuneración pero lo son. Evita hizo que la mujer trabajadora tenga un aguinaldo, vacaciones, derechos… hizo realidad el voto femenino. Como mujer yo me siento muy identificada con Evita, porque nos dio todo lo que nosotras queríamos. Después Cristina, en esa línea de continuidad de derechos, como mujer, también nos dio mucho. Tuvimos muchas diferencias y quizá las tengo todavía con ella, pero hoy --viendo el avance que tuvimos en esos años y cómo retrocedimos después—es claro que nos va a costar muchísimo volver a recomponer, desde los derechos que nos dio Evita y Cristina, todo lo que hemos perdido en estos años.


Recién hablabas de los derechos, de Evita y de la continuidad de las reivindicaciones de las mujeres en los años kirchneristas. En un momento en el cual el protagonismo de las mujeres ha tomado un relieve más profundo aún todavía, en estos últimos años, ¿cómo vivís todo ese proceso desde las barriadas? ¿Cómo se vive desde la economía popular todo este auge del protagonismo de las mujeres?


Lo hablamos siempre con las compañeras, quizá hace 15 o 17 años atrás, cuando tenía el comedor y con las compañeras estaban en los cortes de ruta, en los puentes, haciendo la olla popular, acampando, vos veías que siempre eran las compañeras las que estaban al frente y hoy, una cosa de locos, las compañeras vuelven a ser otra vez, más allá de este auge del que vos estás hablando, las protagonistas de todo esto, de una película que ya habíamos visto y vivido. En el medio, a través de todo un movimiento feminista que se viene conformando, y de luchas y peleas que nosotros venimos dando en la calle por la Ley de Aborto Legal, Seguro y Gratuito, toda expresión del #NiUnaMenos y por todas las luchas reivindicativas que hemos desarrollado desde la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), como mujeres trabajadoras, bueno, todo eso lo pudimos hacer las mujeres. Acá en Quilmes, con las compañeras de las distintas organizaciones por ejemplo, se dio una pelea importante, que fue presentar un Proyecto de Ley, que salió gracias a la lucha que venimos dando.


¿De qué va el proyecto de ley que nos contabas?


El proyecto lo presentamos en Quilmes entre compañeras de la CTEP, de Barrios de Pie y de la CCC, para que la Comisión de Mujeres, a la que acudimos siempre con los casos de femicidio, no sea el último recurso, cuando ya no se tiene más remedio. Porque acudimos cuando la compañera ya fue golpeada o abusada, y no se trabaja en la prevención. Entonces, uno de los puntos importantes que tiene este proyecto que presentamos, propone gestar 30.000 promotoras de salud en toda la provincia de Buenos Aires, para que en cada barrio haya cinco, diez, quince promotoras preparadas y formadas, sostenidas con un salario por el Municipio, para trabajar en prevención de la mujer y diversidad en conjunto con las salitas de salud, con las direcciones de todos los municipios. Se aprobó, pero aún no comenzó a implementarse.


En ese sentido: ¿ves un saldo positivo en esta lucha que como mujeres vienen sosteniendo?


Quizá yo en su momento, hace 18 años atrás, no me podía sentar a discutir política, porque no podía, porque no me había preparado, o porque no me había formado quizás, pero también porque no me daban ese lugar: era muy difícil para un compañero ver a una compañera o, mejor dicho, ceder su lugar a una compañera para que pueda ser parte de una mesa de conducción y pueda discutir política. Creo que todos esos derechos se fueron ganando, y costó muchísimo, hemos avanzado muchísimo también, pero aun vivimos en una sociedad patriarcal. Creo que las mujeres hemos avanzado en derechos, que todavía nos falta un montón, pero creo que vamos por buen camino.