De Lucrecia Martel a Quentin Tarantino: Érase una vez en América

September 4, 2019

 

Zama y Había una vez… en Hollywood. Dos caminos a la hora de ver un continente en construcción.

 

Por Lea Ross

 

01. En 1956, el mendocino Antonio di Benetto publicó su novela Zama, sin la más mínima expectativa que sea adaptada en el cine para su correspondiente siglo, y quien sabe si para el próximo. La historia trascurre dos siglos atrás. El doctor don Diego de Zama. El enérgico, el ejecutivo, el pacificador de indios, el que hizo justicia sin emplear la espada. Zama, el que dominó la rebelión indígena sin gasto de sangre española, ganó honores del monarca y respeto de los vencidos. Aquel que busca su recompensa: el regreso de su familia desde España. Todavía espera ese retorno, tan prometida por el reinado.

 

02. Escribió Gonzalo Basualdo (Facultad de Filosofía de la UBA)  sobre Zama: “Como lugar, América se construye como una ficción, como un lugar de sueños ya que nos es posible asir un sentido único para aquel espacio. América es durante el virreinato, más que en cualquier otro momento histórico, un lugar en plena construcción. Y por eso mismo es una zona que limita entre lo que es y no es; realidad que se establece en el sueño, el limbo (…). Todo el porvenir, lo por venir, llega de afuera, del sueño traducido en experiencia. Sólo a través del sueño es posible que la espera se traduzca en encuentro, pero encuentro con lo irreal que se desvanece al fin”.

 

03. Hollywood es también un lugar en plena construcción. Por esas tierras costeras del Pacífico, el territorio se fue mutando en una incertidumbre onírica. El clásico Ha nacido una estrella (1937), de William Wellman, cuenta la historia de amor entre un renombrado galán de cine y una actriz novata, cuyas respectivas escalas sociales se revertirán, a punto que la protagonista nace como una estrella y el masculino caerá en desgracia. La película tuvo (como mínimo) tres remakes (oficiales), en distintos confines del tiempo, e incluso con historias que transcurren por fuera de Hollywood. Sin mencionar las versiones no oficiales, como la que hizo Charles Chaplin en Candilejas (1952), la más naif El artista (2011), de Michel Hazanavicius, e incluso la más surrealista El camino de los sueños (2001), de David Lynch. Es decir: Hollywood es una zona que limita entre lo que es y no es; realidad que se establece en el sueño, el limbo.

 

04. En Había una vez… en Hollywood (2019), la película recientemente estrenada de Quentin Tarantino, el galán de cine Rick Dalton (interpretado por Leo DiCaprio) recibe su epifanía de la mano del agente de casting Marvin Schwarz (encarnado por Al Pacino). Schwarz le hace entender a Rick que al ser seleccionado constantemente para encarnar a villanos de turno en series de televisión es una señal que su carrera está en descenso. El padecimiento de Rick, frente a esa realidad, se saldaría como posible salida a Europa para protagonizar western spaguettis, de la mano de cineastas italianos. Él lo rechaza porque sería caer bajo.

 

05. Luego de varias vicisitudes, Rick Dalton acepta protagonizar esos western y permanece fuera de Hollywood durante seis meses. Al retornar a la ciudad de los sueños, tiene un sueldo más ajustado y una familia en construcción. Pero no por eso, ocurrirá un posible prometedor encuentro con el director Roman Polanski, de la mano de su esposa y actriz Sharon Tate. Pero para eso, la Historia debe ser interceptada.

 

06. A partir de Bastardos sin gloria (2009), la Historia es la arcilla de las historias de Tarantino. Una arcilla que va teniendo un molde no acorde con el diseño original. El director de Pulp Fiction no deja ver esa retroalimentación que es el cine, desde sus distintos géneros (dentro y por fuera de Hollywood) como aquello que realmente permite materializar todo eso que se ha soñado: desde prender fuego a nazis hasta una posible rebelión negra en el amanecer nacional estadounidense. Su libertinaje se basa en quebrar cualquier tipo de precepto moral. De ahí para que el sueño de Rick Dalton sea real, que también sería la del propio Tarantino, es que debe participar un propenso femicida en la trama.

 

07. Es así que Roman Polanski, aclamado director de El bebé de Rosemary entre otras, es uno de los personajes que aparece en la última de Tarantino. El mismo Polanski que recibió su baldazo en las palabras de la directora salteña Lucrecia Martel, quien presidió el jurado del Festival de Venecia, donde la argentina aseguró que no iba a presenciar la proyección de la última obra del realizador de El pianista, por respeto a las víctimas que lo denunciaron por violación.

 

 

 

08.  Ya en las primeras páginas de la novela de Di Benedetto, Don Diego Zama ejerce una violación contra una morena, escena que nunca se presenta en la película de Lucrecia Martel: “La saqué porque me parece que no tengo la inteligencia suficiente para tratarla y creo que por un tiempo hay que pensar muy bien cómo se filma una violación sin satisfacer las fantasías de violación de muchos… Y no digo hombres, sino personas. Y la saqué absolutamente afectada por nuestra época porque para mí es intolerable ver el cadáver de una mujer, ya no soporto ni verlo”, señaló la cineasta en una entrevista.

 

09. Reiterando a lo que dice Basualdo: todo el porvenir, lo por venir, llega de afuera, del sueño traducido en experiencia. Sólo a través del sueño es posible que la espera se traduzca en encuentro, pero encuentro con lo irreal que se desvanece al fin. Y es aquí que nuestra actual América queda en ese limbo dividida entre Tarantino y Martel. El primero se conforma en el sueño eterno para llegar a ese happy end made in Hollywood. Para la argentina, como lo dijo en otra entrevista, tanto su película como la novela también tienen un final feliz, aun cuando rechazan ese sueño: “Nuestra cultura judeocristiana ha hecho un culto de la espera. Y Zama al final nos dice que no vale la pena”.

 

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