Ver para leer: Acerca de Craig Mazin, el guionista de Scary Movie 4 y la serie Chernobyl

July 17, 2019

 

Los líderes mundiales como personajes, la selección géneros y recursos, como modos de encarar una lectura política.

 

Por Lea Ross

 

En el interior de una escuela primaria, el presidente de los Estados Unidos permanece sentado, mientras escucha atento a una alumna leyendo un cuento. A su espalda, uno de sus acompañantes de traje y cortaba le notifica al oído una terrible noticia que está ocurriendo en territorio nacional. Al recibir el mensaje, no reacciona y permanece sentado.

 

Esa descripción anterior refiere a George W. Bush en un hecho ocurrió el 11 de septiembre de 2001, en pleno atentado a las Torres Gemelas. Sin que el camarógrafo de televisión lo percatara, la imagen se convirtió en una referencia entre el liderazgo posmoderno que se avecinaba en esta nueva era, como así también el disparador de una paranoia generalizada sobre aquello que no podía ser filmado, como es el pensamiento de aquel personaje.

 

 

Escena de la película Fahrenheit 9/11, de Michael Moore.

 

Pero también, se alude a su correspondiente parodia, que aparece en la película Scary Movie 4, cuyo guión estuvo a cargo de Craig Mazin.

 

 

 

Quizás Mazin jamás pensó que a finales de la próxima década realizaría, tanto en la dirección como en la escritura, una mini-serie tan comentada como es Chernobyl. El evento televisivo de HBO obtuvo su enorme aprobación del público y la crítica, más por su detallada reconstrucción sobre los trágicos sucesos ocurridos en el desastre nuclear en Ucrania de abril de 1985, que por su no tan sutil lectura política.

 

La semántica de Craig Mazin, tanto en la dirección como en el guión de los cinco capítulos, es bien formal con una narrativa clásica. Los planos de cada capítulo exponen y duran lo suficiente como para atraer la atención. También es de destacar el rol de un elenco que mantiene firme sus respectivas expresividades, que acompaña más que la exposición de los cuerpos en descomposición, fruto de la propagación radiactiva. Ni el morbo, ni la espectacularidad pirotécnica, es lo más propagado en los episodios.

 

Chernobyl no cayó bajo los cánticos de ciertas artimañas “posfotográficas" que caracterizan al cine estadounidense actual dentro del género del thriller, con falsos planos digitales sobre disparos de armas, trenes descarrilados, el avance de una bala en su trayectoria a cámara lenta o el interior de una bomba a punto de explotar. Aun cuando los propios diálogos aproximan al serial casi en un proyecto audiovisual de ciencia ficción, apuntando los tremendos impactos que generarían el funcionamiento descontrolado del reactor con fusión permanente.

 

Sin embargo, ni la cámara se aproxima al interior de ese reactor, ni hay una reconstrucción “digital” sobre el vaivén de las partículas subatómicas que se propagan por los cielos. Solo una secuencia tan notable como tétrica, en el primer capítulo, de aquella noche luego de la explosión, donde las familias del pueblo cercano deslumbran con entusiasmo aquel espectáculo de las llamaradas en el horizonte, sin percatarse que quedarían expuestos ante tamaña contaminación imperceptible ante sus ojos.

 

La tensión existente en la película se logra gran parte por el registro de sonidos referenciales y fotográficos, con escenarios armados en detalle y la interacción con actores, la mayoría masculina. Todo lo que es creado artificialmente con pixeles aparece cuando es necesario.

 

Es de esta forma que nos permite encontrar la clara lectura estética por parte de Mazin, a la hora de encarar dos proyectos audiovisuales, supuestamente disímiles, como son Scary Movie 4 y Chernobyl.

 

Bush es una proto-caricatura. Habrá que esperar al actual presidente yankee  para que una caricatura neta entre a la Casa Blanca. Pero como tal, para que ese primer personaje canoso, ideal para que sea encarnado por el actor Leslie Nielsen, pueda ser una caricatura completa, solo podía lograrse en un género de farsa como era Scary Movie 4, aún con su persistencia de vagos sketches desencajados, muy lejos de lo que era La Pistola Desnuda. Es decir, la supuesta incapacidad intelectual del republicano no podía tener mayor protagonismo que una comedia que toma de igual manera a su público adolescente.

 

Mientras que en los cinco capítulos de Chernobyl, la formalidad es la forma crítica hacia una forma de organización económica que pretendía superar al capitalismo. El detallismo histórico, alejado de toda maquinaria efectivista que caracteriza al circuito mainstream, permite otorgar una legibilidad (y por ende, legitimidad) en cuanto a su lectura. No se debe obviar que el personaje de Mijail Gorbachov queda bien parado, en comparación a funcionarios irresponsables e incompetentes, cuyo rol queda afincado como aquel que permitió poner fin a la continuación soviética en el mundo. Como así también, las reiteradas alusiones a Lenin, sobretodo sacando provecho que aquella central nuclear de la discordia estaba bautizado bajo el nombre de “Vladimir I. Ulianov”. Es en este caso, resaltados de ideas sobre qué significado otorgar a aquella tragedia, donde no es casual que se haya transmitido por televisión en el aniversario número treinta de la caída del muro.

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