El Cordobazo o cuando el tiempo era demiurgo (Dossier: A 50 años del Cordobazo. Presencias, ausencias y memoria)*

June 1, 2019

 

Por Andrés Cañas**

 

Años 1960-1970. Según Eric Hobsbwam en esos días era habitual escribir con el prefijo latino post como sinónimo de después. Es que el después era urticante ¿de qué estaba preñado el vientre del tiempo? ¿Qué realidad adormecía en sus entrañas? Ante los ojos anhelantes aparecía una realidad visible con tufillo a final y perfume de comienzo. En las multitudes críticas se veían calvas de viejos luchadores, muchachas vistiendo las minifaldas de la época, hombres con ropa de obrero y olor de obrero, estudiantes de gruesos anteojos y hasta un cura mirando detrás de los visillos. Y cánticos, muchos cánticos, como evocando un ritual que vuelque sobre esas calles tinajas que derramen justicia, igualdad, libertad.

 

En Estados Unidos estalló la insurrección negra tras el asesinato de Martín Luther King, se rebelan los ghetos del norte en 1964, y en 1967 se da la rebelión conjunta de los ghetos de Los Ángeles y Detroit. La vertiente de los levantamientos nutría una protesta político-religiosa y en California iban más allá y adosaban un ingrediente socialista.

 

Los estudiantes acrecidos en número durante los “años dorados” cuestionaban a viva voz y en las calles la educación formal en Alemania, Italia y España. En Francia una amalgama de estudiantes universitarios maoístas, trotskistas y anarquistas dieron luz al Mayo Francés que enarboló alguna utopía como “la imaginación al poder”. El drama se vivió en México en la plaza de Tlatelolco, donde la policía ametralló a centenares de jóvenes. En Praga sectores críticos de la intelectualidad y del propio Partido Comunista elaboraron un documento de dos mil palabras: requerían libertad de mercado, libertad de prensa y respeto por los derechos humanos. Los tanques moscovitas impusieron el silencio y el orden calló las protestas. Algo similar sucedió en Polonia donde la policía desalojó y reprimió la concentración estudiantil refugiada en el Politécnico de Varsovia. Mejor suerte corrieron los manifestantes en Yugoslavia; en marzo de 1968 el mariscal Tito reconoció algunas de las reivindicaciones. Sin embargo, los tanques del Pacto de Varsovia acechaban emboscados y al salir de sus guaridas bajaron el telón de las protestas.

 

La academia latinoamericana  no permaneció impasible en esos días de búsquedas, de encontrar un camino de bienestar general del que habían desertado las burguesías nativas. La teoría de la Dependencia o Enfoque de la Dependencia es una teoría elaborada entre los años ‘60 y ‘70 por científicos sociales, especialmente brasileños, a la situación de estancamiento socio-económico latinoamericano en el siglo XX. Celso Furtado, uno de los connotados teóricos de la hora sostiene que “el subdesarrollo, por ser un fenómeno específico, requiere un esfuerzo de teorización autónoma”. Las cuestiones de mayor envergadura elaboradas por los teóricos de la Dependencia se pueden resumir en los siguientes puntos: 1- La importancia de considerar tanto la experiencia  histórica de los países periféricos como las fases de su involucración con sistemas más incluyentes. 2- La necesidad de establecer los vínculos específicos económicos, políticos y culturales de los centros y la periferia. 3-  La necesidad de una participación activa del Estado en la búsqueda del desarrollo.

 

 

Argentina, Córdoba. Los obreros mejor pagados del país, industria automotriz y energía, se abrazaban con el movimiento estudiantil y tomaban la ciudad por largas horas. Dos dirigentes sindicales que vivían en las antípodas le ponían rostro al movimiento, el mecánico Elpidio Torres, hombre de la burocracia sindical peronista y Atilio Tosco, líder de Luz Fuerza e histórico integrante del marxismo cordobés. La lucha contra la dictadura militar los había unido. En Rosario y Mendoza se sentían las réplicas de la protesta cordobesa.

 

¿Qué unía a estos acontecimientos tan semejantes y a la vez tan dispares? ¿Quién los protagonizaba? La respuesta aunque parezca abstracta es acertada: la época, montada sobre la situación objetiva del capital, tendía una cuerda que los unía. En América Latina y El Caribe, la época tenía un cimiento sólido: la Revolución Cubana.

 

¿Qué semillas portaba en sus alforjas el tiempo? Igualitarismo, actitud libertaria, rechazo a la política como forma de dominio; se imponía lo social por sobre lo político. En América Latina y El Caribe habría que agregar liberación social y nacional y un marcado antiimperialismo.

 

Los años Dorados. “Pero no fue hasta que se hubo acabado el gran boom, durante los turbulentos años setenta, a la espera de los traumáticos ochenta, cuando los observadores -principalmente para empezar, los economistas- empezaron a darse cuenta de que el mundo, y en particular el mundo capitalista desarrollado, había atravesado una etapa histórica realmente excepcional, acaso única. Y le buscaron un nombre: “Los Treinta Años Gloriosos”. Eric Hobsbawm.

 

La realidad evidente. “No obstante, a pesar de las variaciones, la inmensa mayoría de la humanidad compartía una serie de características, como la existencia del matrimonio formal con relaciones sexuales privilegiadas para los cónyugues (el adulterio se consideraba una falta en todo el mundo), la superioridad del marido sobre la mujer  (“patriarcalismo”) y de los padres sobre los hijos, además de la de las generaciones más ancianas sobre las más jóvenes, unidades familiares formadas por varios miembros”, escribía Eric Hobsbawm. En la segunda mitad del Siglo XX un vendaval envió al pasado instituciones que sufrían el mal del anquilosamiento. Los ejemplos se encuentran por doquier.  En la conservadora Inglaterra y en Gales en los años ’70 había más de 10 divorcios por cada 1.000 parejas casadas, cinco veces más que en 1961. El individualismo, casi una moda, quedaba patente en el número de personas que vivían solas, en las grandes ciudades occidentales constituían la mitad de la población.

 

Muchos historiadores vinculan la decadencia de la familia con el cambio de las actitudes públicas en relación con la conducta sexual. La procreación había dejado de ser un anhelo, la venta de anticonceptivos y la información sobre los métodos de control de la natalidad estaban en boga. Los hijos extramatrimoniales y las familias monoparentales (sólo la madre) ocupaban el centro de la escena social.  En Estados Unidos la familia nuclear declinó del 44 por 100 del total al 29 por 100 en veinte años. En Suecia la mitad de los niños nacidos en 1981 eran hijos de madres solteras.

 

La juventud reinaba, fue elevada al rango de fase culminante del desarrollo humano, el adolescente como agente social consciente tuvo una aceptación general. Las pantallas cinematográficas se cubrían con ídolos juveniles, trágicos por lo común, y la banda sonora transmitía la música preferida por los jóvenes, el rock. Los cambios tecnológicos instauraban una zona de ventaja para los jóvenes de adaptación inmediata a la mutación, los ordenadores de IBM, Hitachi eran diseñados por trabajadores de veintitantos años. Se forjó una cultura juvenil global, se prolongó la duración de los estudios, el ingreso al mercado laboral se producía a edad temprana y gozaban de un poder adquisitivo superior al de sus padres, eran comunes la aparición de grupos de convivencia.

 

Un hecho por demás significativo fue el descubrimiento de los jóvenes de su propia identidad, un abismo histórico separaba a las generaciones que vivieron en los años simbolizados por una fecha: 1925 y las nacidas después de 1950; crisis, guerra, pobreza; años de opulencia capitalista en la otra cara de la moneda. “La cultura juvenil se convirtió en la matriz de la revolución cultural en el sentido más amplio de una revolución en el comportamiento y las costumbres, en el modo de disponer de ocio y en las artes comerciales que pasaron a configurar cada vez más el ambiente que respiraban los hombres y mujeres  urbanos. Dos de sus características son importantes: populista e iconoclasta...”, afirmaba Hobsbawm.

 

Los campesinos seguían las huellas de los dinosaurios. Cuando Portugal y España se incorporaron a la Comunidad Europea en la división del trabajo les correspondía suministrar productos del agro, sin embargo las arcas estaban menguadas; la población campesina en 1950 constituía la mitad de la población, treinta años después el porcentaje se hallaba en disminución al 17,6 por 100 y al 14,5 por ciento respectivamente, y estamos hablando de los mayores productores de Europa. Al mismo tiempo la vida urbana se duplicaba, cada metro de las ciudades era un espacio habitable.

 

La mayoría de los gobiernos pretendían haber logrado la alfabetización de sus conciudadanos, sin embargo el estallido educativo se vivió en el nivel de la enseñanza secundaria y universitaria. “Y eso a pesar de que el número de estudiantes hubiese ido creciendo a razón de un 8 por 100 anual. En realidad, hasta los años sesenta no resultó innegable que los estudiantes se habían convertido, tanto a nivel político como social, en una fuerza mucho más importante que nunca, pues en 1968 las revueltas del radicalismo estudiantil hablaron más fuerte que las estadísticas, aunque a éstas ya no fuera posible ignorarlas”, Hobsbawm .

 

La Guerra Fría cruzó todas las coordenadas del planeta. Winston Churchill dio comienzo simbólico y verbal a la contienda en 1946 cuando visitaba Fulton – Estados Unidos – sostuvo que había que “mostrar la fuerza a los rusos” y unir al mundo anglosajón contra el socialismo. En 1949 una serie de países, alrededor de 13, confluyeron en la Organización del Atlántico Norte, en 1966 Francia se retiró de la organización. No pasó mucho tiempo cuando desde el otro campo vino la respuesta.  El Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua, más conocido como Pacto de Varsovia por la ciudad en que fue firmado,  un acuerdo de cooperación militar firmado el 14 de mayo de 1955 por los países del Bloque del Este. Ya en 1948 la Yugoslavia conducida por el Mariscal Tito se había alejado de este bloque. Generaciones enteras sintieron alterado su sueño por la amenaza de un enfrentamiento nuclear que se temía podía estallar en cualquier momento y dar fin a la humanidad. No llegó a suceder, pero durante 40 años fue una posibilidad cotidiana.

 

La descolonización en el Tercer Mundo, los países liberados exhibieron tintes de progreso y modernización, emancipadores, algunos líderes se auto llamaron socialistas. Cobraban fuerza, paradójicamente, sectores precapitalistas resistentes a los cambios con el apoyo de los Estados Unidos. “El Tercer Mundo se convirtió en la gran esperanza de cuantos seguían creyendo en la revolución social. Representaban a la gran mayoría de los seres humanos, y parecía un volcán esperando a entrar en erupción o un campo sísmico cuyos temblores anunciaban el gran terremoto por venir”, Hosbsbawm.

 

En marzo de 1953 murió José Stalin, dejaba como legado un estado autoritario que controlaba hasta los pormenores de la vida de los seres humanos.  El Comité Central reunido durante 1953 se dispuso a poner fin al accionar de Beria y al de altos cargos de los organismos de seguridad que lo habían acompañado.

 

En una de sus tesis Stalin escribió: “La base económica de la antítesis entre el trabajo mental y el físico es la explotación de los trabajadores físicos por los mentales. Todo el mundo está familiarizado con el abismo que dividía a los trabajadores físicos y el personal administrativo de las empresas bajo el capitalismo. Sabemos que ese abismo dio origen a una actitud hostil de parte de los obreros en contra de los administradores, capataces, ingenieros y otros miembros del personal técnico, a quienes los obreros consideraban sus enemigos.  Naturalmente, con la abolición del capitalismo y el sistema de explotación, el antagonismo de intereses entre el trabajo físico y el mental estaba también destinado a desaparecer. Y realmente ha desaparecido en nuestro sistema socialista actual. Hoy los trabajadores físicos y el personal administrativo ya no son enemigos, sino camaradas y amigos, miembros de un solo cuerpo de productores que están vitalmente interesados en el progreso y el mejoramiento de la producción.” Desde esta óptica no había nada que cambiar en el proceso de producción, el control de los trabajadores no era jerárquico, era puramente técnico. La tiranía política mediante la cual se extraía el plustrabajo no era mencionada.  En el ficticio país estalinista los obreros estaban en posesión del poder del estado y eran dueños de los medios de producción. Ya para la primavera de 1952 la economía soviética experimentaba graves dificultades, luego de los años de reconstrucción de posguerra que transcurrieron sin mayores problemas detentando importantes tasas de crecimiento. Sin embargo, la conducción de la economía sobre la base de un estado de emergencia permanente no podía satisfacer los requerimientos de una producción militar mucho más sofisticada, ni una creciente demanda de bienes de consumo de una calidad considerable. La recalcitrancia de los trabajadores que explica la baja productividad estaba motivada por el modo antagónico de controlar el proceso de producción y la muy mezquina remuneración. La dificultad fundamental de mantener un equilibrio entre la producción de medios de producción y la producción para el consumo directo no podía ser resuelta por el poscapitalismo soviético. Los dirigentes de la URSS pretendieron hacer de las carencias, de todo tipo, una virtud y le dieron un carácter modélico a su estructura organizativa. En Polonia, Checoslovaquia, Hungría surgieron movimientos que se opusieron a estas concepciones.

 

Los Estados Unidos vivieron un período de reformas que se inició a fines de la década de 1950 hasta principios de 1970. La movilización militante de las masas negras en el Sur a mediados de 1950 enarbolando reclamos de igualdad racial y vigencia de los derechos civiles dio el empuje inicial. Posteriormente el movimiento negro se manifestó en Montgomery y derivó en los motines raciales de 1964-1967. La sociedad blanca atrincherada en sus prejuicios se estremeció,  y en el movimiento estudiantil la protesta encontró una entusiasta simpatía, algo similar ocurrió en el campo obrero que desarrollaron una oleada de protestas. En las plantas automotrices de Detroit los obreros marxistas fundaron la Liga de Trabajadores Negros Revolucionarios; los ghetos urbanos eran territorio de los Panteras Negras que postulaban un nacionalismo racial. Ante la burocratización de las organizaciones tradicionales los nuevos dirigentes crearon sus propias formas de organización, rechazando la vía electoral y dando primacía a la acción directa. Los líderes radicalizados sostenían que “el cambio social podría lograrse sólo a través de un movimiento independiente que fuera una amenaza a la estructura de poder.” A mediados de 1970 se presentó inexorable el declive del movimiento de masas, el Partido Demócrata hizo un aporte considerable para domesticar a los insurrectos. Cuando Nixon comenzó la retirada de Vietnam el poderoso movimiento antibélico abandonó las calles y los campus universitarios. Una vez más el sistema había combinado seducción y represión para desarticular las protestas. Uno de los protagonistas de aquellos días, Mike Davis, sostuvo: “Parecía imponerse una ley por la cual en la medida en que decrecía la movilización de base en los ghetos aumentaba el clientelismo de los políticos negros.” El historiador Pablo Pozzi afirma que “si la generación de 1960 tuvo algo en claro fue que la burocracia sindical, los políticos profesionales, los funcionarios públicos y la pequeña burguesía negra, que constituían el corazón del reformismo oficial, nunca podrían llevar adelante sus propios programas…siempre encontrarían una forma de acomodarse con los sectores del poder.”

 

Francia fue el epicentro de la rebeldía europea. En el transcurso de la Segunda Guerra fue ocupada durante cuatro años por el ejército alemán, la defensa recayó sobre una guerrilla integrada mayoritariamente por militantes comunistas. Al terminar la guerra la Resistencia planteó sus exigencias: reformas socioeconómicas de gran aliento, nacionalización de los bancos, la siderurgia, el carbón y la energía. La segunda fuerza en la resistencia la constituían los seguidores del General de Gaulle agrupados en el Partido Republicano Popular, creado en 1944. La lucha política entre ambas facciones fue virulenta, para dictar la nueva constitución que refrendó las conquistas democráticas del pueblo francés se precisaron tres referéndum nacionales y dos elecciones a la Asamblea Constituyente en tan solo un año. En el período que va de 1944 a 1947, los comunistas ocuparon tres carteras ministeriales, en esos años se nacionalizaron los bancos, la industria del carbón, varias fábricas aeronáuticas y de automóviles, plantas eléctricas y la compañía de gas.  Mejoró la vida de los trabajadores que lograron la prolongación de las vacaciones pagadas, jubilaciones y subsidios para quienes habían sufrido accidentes de trabajo. En 1946 Francia desplegó un guerra colonial en Indochina, en 1947 fueron alejados los comunistas del gobierno y en 1948 adhirió al plan Marshall, la influencia de Estados Unidos comenzaba a gravitar . De guerra en guerra, mieles amargas de la derrota para Francia en Indochina durante 1954, por ese entonces emprende acciones bélicas en Argelia, un enfrentamiento que se extendió por 7 años y que cobró miles de vidas y millares de francos. Al interior del país los obreros protagonizaban huelgas reivindicativas y antibélicas, en ese andar lograron incrementos de sueldos que iban de un 5 a un 10 por ciento. A pesar de los percances sufridos por el ejército francés en Argelia, el espíritu bélico se mantenía y en el otoño de 1956 fracasaron en una intervención en Egipto. A todo esto el General de Gaulle se había retirado de la vida pública a partir de 1946.

 

En ese marco elementos derechistas llevaron a cabo asonadas y el poder económico recurrió nuevamente al General de Gaulle; bajo su presidencia nació la V República. Se estimuló la concentración de la industria y el capital como medio para  elevar a los monopolios franceses al nivel de los mayores monopolios del mundo. Agilizamos los pasos de la historia. A comienzos de la década de 1960 Francia experimenta un proceso de autonomía en el ámbito internacional: se retira de Argelia,  se aleja de la OTAN, condena la agresión norteamericana en Vietnam y la de Israel a los países árabes.

 

Al interior de las fronteras francesas continuaban madurando las contradicciones. El verano de 1968 fue el tiempo de una explosión de la lucha de clases. La chispa la encendieron los estudiantes que tomaron La Sorbona, la fuerza pública al tomar la universidad arrojó más leña al fuego. Las calles se vistieron con un panorama de barricadas y el número de heridos superó el millar. El 13 de mayo los obreros decretaron una huelga general y proclamaron su solidaridad con los estudiantes, la ola huelguística se asemejó a un combustible encendido y abarcó a más de 10 millones de obreros. El general de Gaulle separó del gobierno a los políticos menos aceptados, en su lugar  nombró a personas progresistas y convocó a elecciones…

 

Hobsbawm realizó un balance político-ideológico de los jóvenes que participaron en el Mayo Francés. “No obstante, contribuyó a politizar a muchos de los rebeldes de la generación estudiantil, quienes, de manera harto natural, se volvieron hacia los inspiradores de la revolución y de la transformación social total: Marx, los íconos no estalinistas  de la revolución de octubre y Mao. Por primera vez desde la era antifascista el marxismo -no era reducido ahora a la ortodoxia de Moscú- atrajo a gran número de jóvenes intelectuales de Occidente. Era un marxismo peculiar, con una orientación universitaria, combinado con otras modas académicas del momento y, a veces, con otras ideologías, nacionalistas o religiosas, puesto que nacía de las aulas y no de la experiencia vital de los trabajadores. De hecho, tenía poco que ver con el comportamiento político práctico de estos nuevos discípulos de Marx, que normalmente propugnaban la clase de militancia radical que no necesita de análisis alguno. Cuando las expectativas utópicas de la rebelión original se evaporaron, muchos volvieron a, o mejor se volvieron hacia, los antiguos partidos de la  izquierda que como el Partido Socialista, reconstruido en este período, o el Partido Comunista, se revitalizaron con este aporte de entusiasmo juvenil.”

 

Fernando Martínez Heredia solía decir: “Cuando los “barbudos” todavía no habían bajado de la sierra ya el pueblo los idolatraba, y cuando los conocieron personalmente la estima se incrementó aún más”. Fidel Castro, Ernesto Guevara, Camilo Cienfuegos, Raúl Castro; líderes de una revolución que cobró ejemplaridad para toda una generación de jóvenes. En una carta a su hermano Joe,  Camilo Cienfuegos relataba la situación de la Cuba gobernada por Fulgencio Batista: “Gordo, si fueras a Cuba quedarías anonadado de las cosas que pasan; los ciudadanos ya sin los más mínimos derechos; los atropellos, únicamente viéndolos se pueden creer. Empezaron los problemas serios para la nación con los sucesos del Cerro, la golpeadura brutal que recibieron los estudiantes la vio todo el pueblo, fue tal la indignación popular que el pensar general era el de revolución, esa revolución es la palabra de orden en Cuba.” El después es historia conocida. Año 1959, huelga general y entrada del Ejército Rebelde a La Habana. En 1861, Estados Unidos rompe relaciones  diplomáticas con Cuba; Fidel proclama el carácter socialista de la revolución.  Son derrotados elementos reaccionarios de una fuerza instrumentada por Estados Unidos en Playa Girón. 1962, Cuba es expulsada de la Organización de Estados Americanos y ruptura de relaciones de la isla con la mayoría de los gobiernos de la región, México fue la excepción. 1963, segunda reforma agraria. Asesinato del presidente Kennedy. 1964, se renueva el acuerdo comercial con la URSS, ventas de hasta 5 millones de toneladas de azúcar a precio superior al de mercado. 1965, desembarcan tropas norteamericanas  e invaden Santo Domingo. 1966, Conferencia Tricontinental en La Habana. Muere el sacerdote guerrillero Camilo Torres. 1967, es abatido en Bolivia Ernesto Guevara.

 

La vigencia de la Revolución Cubana colocaba en el primer plano de la discusión política el tema del imperialismo  y de consuno cobraba inmediatez en la agenda política la alternativa socialista.  La dirigencia cubana optó por la opción armada como medio de lucha para acceder al poder, en tiempos de devaluada democracia burguesa que los propios ejércitos nacionales habían destituido en cuanta ocasión se les presentó. La convocatoria cubana no cayó en saco roto, destacados historiadores contabilizaron 32 organizaciones guerrilleras en el mundo. El temor de las burguesías regionales al socialismo le prodigó al imperio un aliado que celebró sus intervenciones. Se aproximaba una de las etapas más cruentas en la historia Latinoamericana.

 

Tlatelolco. El gobierno de Díaz Ordaz fue árido y opresor. Reprimió con el Ejército al movimiento ferrocarrilero en el marco de su primera gran manifestación en la capital, el 28 de junio de 1958, aunque desafió a Estados Unidos al no romper relaciones con Cuba durante la Crisis de los Misiles de 1962. El presidente y su gabinete mantuvieron la inflación en niveles inferiores al 3% y su historial como administrador financiero competente lo ayudó a adjudicarse el incremento del Producto Interno Bruto entre el 6 y el 8%. No obstante esto, Ordaz tuvo problemas como la desigualdad en los salarios y los cada vez más altos niveles de desempleo. En días de protesta social Díaz Ordaz pronunció una frase que pasaría a la historia, sobre todo a la luz de la masacre de la que su administración sería protagonista: Hemos sido tolerantes hasta excesos criticados, pero todo tiene un límite.

 

El 2 de octubre de 1968 fue el punto álgido de una de las décadas más convulsionadas de México y el mundo. Díaz Ordaz, incapaz de entender lo que pasaba con el movimiento estudiantil que había asumido una posición crítica sobre la apropiación de la revolución campesina por la burguesía,  calificaría a los estudiantes como  impulsores de “un sabotaje del comunismo internacional hacia los Juegos Olímpicos próximos a celebrarse”. Por lo tanto, hizo uso del Ejército y la Policía para organizar una de las masacres de estudiantes más atroces en la historia de México, la masacre de Tlatelolco, cuando la policía ametralló y asesinó a 325 jóvenes en la Plaza de las Tres Culturas. Al año siguiente, durante su penúltimo informe de gobierno, Ordaz asumió la responsabilidad de lo sucedido en octubre de 1968, pero sin remordimiento ni culpa alguna; todo lo contrario, le llenaría de satisfacción haber terminado de esa manera con las vidas de los estudiantes mexicanos.

 

 La realidad menos evidente de los monopolios. A los pueblos les resulta harto difícil discernir sobre las políticas que se disponen instrumentar los sectores dominantes. Carencias informativas, versiones distorsionadoras, complejidades creadas ex profeso; es durante el desarrollo de los planes monopólicos y cuando los pueblos experimentan  el rigor de esos proyectos se dilucidan los contenidos de la propuesta. Fue a finales de la década de 1960 y comienzos de la década de 1970 cuando se produjeron cambios profundos en el capitalismo,  que mutó en la primacía del ámbito productivo al especulativo.

 

Un excelente trabajo realizado por intelectuales cubanos, civiles y militares es la base para analizar esa época. El espacio abierto por la Segunda Guerra para la expansión de las economías imperialistas se agotaba. Las crisis se presentaron nuevamente, eran más fuertes, abarcaban a un mayor número de ramas de producción y alcanzaban paulatinamente a un mayor número de países capitalistas al mismo tiempo, lo que apuntaba hacia una sincronización del ciclo al nivel de las principales potencias del sistema. Estados Unidos. El control de la masa monetaria mundial, el cobro de los créditos otorgados durante la guerra y la reconstrucción de Europa y Japón, junto con las utilidades producidas por la importación de capitales en general, contribuyeron a provocar en Estados Unidos niveles de consumo por encima de los resultados de la producción nacional y bajos niveles de ahorro interno´, al tiempo que la economía debía asumir los gastos ocasionados por la carrera armamentista y la guerra de Vietnam. A lo largo de la década del `60, la industria estadounidense había continuado produciendo a ritmo acelerado, sin tomar en consideración que la recuperación de la capacidad industrial de Europa Occidental y Japón acortaba el ciclo y aumentaba la profundidad de la crisis de superproducción de mercancías. La sincronización del ciclo, motivada por la creciente interdependencia entre las economías del Primer Mundo –derivaba de la concentración e internacionalización del capital monopolista. El conjunto de estos factores ocasionaron los gigantescos déficits presupuestarios del gobierno de los Estados Unidos, que fueron compensados mediante el crecimiento de la emisión inorgánica de dólares, las fluctuaciones de su paridad cambiaria y el incremento de las tasas de interés bancario. Esta situación provocó una avalancha inflacionaria mundial y debilitó la posición del dólar en relación con el resto de las monedas libremente convertibles. La acumulación sin precedentes de esta inmensa masa monetaria trastoca la relación histórica entre la especulación financiera y la producción, de manera que, en adelante, la suerte del imperialismo quedaría indisolublemente atada a la reproducción del capital ficticio. El capital monopolista no encuentra en la producción de bienes los excedentes requeridos para su reproducción ampliada.  Las recetas de regulación monopolista estatal aplicadas hasta entonces –dirigidas a mantener un balance entre la producción y el consumo, y restringidas al ámbito nacional - estaban agotadas; en lo adelante, la regulación de la economía tendría por alfa y omega su carácter especulativo y de desarrollaría a escala transnacional. La transnacionalización del capitalismo monopolista representa una etapa en el proceso de agravamiento de la crisis estructural del sistema, de la agudización de las contradicciones entre la oligarquía financiera y el resto de la humanidad.

 

La realidad evidente de Argentina. El general “nacionalista” Juan Carlos Onganía dio a conocer, por primera vez, su programa de gobierno en West Point, la academia militar estadounidense. En junio de 1966 había desplazado del gobierno al presidente Arturo Illia, contaba con el consenso unánime del poder: generales, empresarios, prelados, todos ellos adornados por las damas de la oligarquía. En el cortejo había una figura socialmente disonante e ideológicamente afín al golpe,  el sindicalista Augusto Vandor, quien aspiraba a conducir un peronismo aliado de los militares. Desde el exilio madrileño Juan Domingo Perón recomendaba “desensillar hasta que aclare”.  

 

El timón de la economía estaba en manos de Adalbert Krieger Vasena, quien instrumentó una devaluación del 40 por ciento que engordó las arcas del estado a través de retenciones sobre los ingresos de los exportadores; la medida hacía innecesaria la inflación y sus consecuencias sobre los recursos fiscales. A los exportadores se les prometía una futura disminución de las retenciones. El gobierno presentaba como un éxito económico la buscada estabilidad cambiaria; una vez más, se esperaba una corriente de inversiones externas.  De cara a los trabajadores se impuso un pacto social entre obreros y empresarios, previamente los precios de los productos de consumo masivo se habían incrementado cuando se anunció un congelamiento,  los salarios se congelaron por dos años, se tomaron otras medidas de “racionalización” económica que disgustaron a sindicalistas amigos del régimen. El propio Augusto Vandor, encaramado sobre lo que comenzaba a ser el fracaso del gobierno corporativo de Onganía, exploraba una salida electoral, se pretendía aupar a la presidencia al general Aramburu apoyado por fuerzas sociales y políticas. El ajusticiamiento de Vandor dejó en agua de borrajas el plan.

 

Buenos Aires sentía afectado su carácter de ciudad insomne. El gobierno de Onganía se había fijado como tarea prioritaria la vigilancia ideológica y política, en pos de ello intervino la Universidad, “foco de subversión ideológica y de corrupción moral”. La rica vida cultural y artística recibiría duros empellones asestados por el régimen. Si para Hemingway “París era un fiesta”,  Argentina popular no  iba a la zaga. 

 

Promediaba la dictadura de Onganía y concretaban la remanida reducción de costos; es decir, decrecía la participación de los trabajadores en la riqueza generada en el país. Como había sucedido otras veces se debían postergar actividades vinculadas con el ocio, por ejemplo ir al teatro. El ingenio popular siempre encuentra salidas. Brotaron las peñas  folklóricas donde todas/as eran artistas, la expresión a través del canto no excluyó a nadie, la fama tuvo patas cortas: no trascendía al grupo de amigos y las borracheras se colectivizaron. Muy cerca de las peñas se ubicaron los cafés-concert, locales con cierto aire de exclusividad, en ellos había una diferenciación entre el público y el artista, el vino de las peñas fue sustituido por el whisky. Los espectáculos unipersonales redujeron las erogaciones de la producción y los ingeniosos monólogos no esquivaron la problemática socio-política.

 

El boom de la literatura latinoamericana. Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez, Donoso; un crítico literario llegó a decir que “la novela había muerto en Europa y que estaba vivísima en Latinoamérica”. Originalidad, amplitud temática.  Se comparó la originalidad del boom literario con la originalidad de la Revolución Cubana señalada como fuente del fenómeno literario. Se miraba la realidad con ojos nuevos y desprejuiciados. La corriente tuvo un éxito de masas.

 

Córdoba. El 24 de diciembre de 1969 los curas Erio Vaudagna, José Rivarola y Elvio Alberioni de la parroquia de Barrio Los Plátanos organizaron un original y poco ortodoxo pesebre protesta en forma de mural, que reproducía imágenes de líderes populares como Ho Chi Ming, Che Guevara, Camilo Torres, Helder Cámara y los sindicalistas Raimundo Ongaro y Agustín Tosco; quienes saludaban a un Cristo Liberador. La representación gráfica aludía a situaciones de injusticia social, hambre, analfabetismo, desocupación. La figura de un niño reposaba entre retazos de periódicos, cuyas titulares remitían  a hechos políticos del momento.

 

Amor militante. La psicóloga Alicia Stolkiner escribió: “En una sociedad de cuerpo presente, el amor, la solidaridad y el sexo encontraron por momentos una conjunción que tenía pocos antecedentes en la relación entre géneros. El uso de la palabra compañero o compañera para designar a la pareja dejó atrás la institucionalidad de esposo, esposa, la pureza supuesta del novio, novia y la clandestinidad de los amantes. Indicaba lo común, lo compartido, la alianza de no agresión entre aquellos que se enfrentaban al poder.”

 

Las mujeres de la época. Pelo lacio, minifalda, botas. Ingreso en la Universidad en búsqueda de capital simbólico, intelectual  y autonomía económica, en sus anhelos no entraba una buena perfomance en la carrera matrimonial. La vida política atrapó a muchas y las organizaciones armadas las tuvieron entre sus integrantes. Las calles,  las noches se llenaron con sus voces. Entre las libertades alcanzadas era una más la libertad erótica. Aportaron una importante cuota de valentía en la lucha y en la vida, y la solidaridad fue su actitud cotidiana. El compromiso omnipresente y abarcador lo asumieron respondiendo con lealtad a sus convicciones. Por ese compromiso muchas perdieron la vida ante la más despiadadas de las represiones, las que sobrevivieron siguen construyendo vida cada día.

 

La plástica. “Tucumán Arde” fue una de las obras de más intensa vinculación entre la vanguardia artística y la vanguardia político-sindical. Las ollas populares instaladas en Tucumán eran las disparadoras de la expresión artística. Los artistas involucrados definían la creación estética como una acción colectiva y violenta que actúa en la sociedad aportando a su transformación y al mismo tiempo en el campo artístico destruyendo el mito burgués del arte, el concepto de la obra única para el goce personal.

 

El cine. La cartelera cinematográfica dejaba extasiado a cualquiera: Sacco y Vanzetti, Solaris, El Padrino, El Chacal de Nahuel Toro, La Batalla de Argelia, Último Tango en París y las nacionales Juan Moreira, Quebracho, La Patagonia Rebelde, La Tregua y tantas otras. Y el cine clandestino. El Cine Liberación fundado por Pino Solanas y Gerardo Vallejos, el Cine Liberación que ganó un importante premio internacional en el Festival de Nuovo Cinema – Italia-  con La Hora de los Hornos. Y Raymundo Gleyzer y su inolvidable Los Traidores que anduvo por todos los rincones del país, visitante dilecta de sindicatos y centros barriales. Octavio Gettino explicitaba el estilo de cine que realizaban en la época. “No trabajábamos con noticias inmediatas, con cosas de coyuntura, ni con políticas cerradas. Apuntábamos a principios ideológicos que perduraran en el tiempo. Cuando se hace cine, se debe captar la atención de grandes capas de la población a lo largo del tiempo.” Prensa, revista Crisis, dirigida por Eduardo Galeano, una apuesta política y cultural. “En un espacio marcado por el impacto de la Revolución Cubana, las luchas sociales en Argentina, el boom literario latinoamericano y la modernización del estilo periodístico, la revista responde también a las necesidades de un público que ya  había incorporado nuevos hábitos de lectura”, recordó María Sonderéguer. En el número 18 de Crisis se podía leer: “El rol particular que juegan los procesos culturales en la liberación de los países del Tercer Mundo los ha llevado a plantearse los problemas de política cultural desde una perspectiva muy diferente a la de las metrópolis. Estos planteos, de los cuales el peronismo fue precursor en muchos aspectos por el énfasis puesto en la cultura popular, la importancia dada a los medios y al trabajo cultural y su concepción antropológica de la cultura son parte de un proceso en marcha donde queda mucho por elaborar y revisar.”

 

El Teatro. Un teatro agitativo, que cambió la metodología de la actividad. Partieron por formar grupos dejando de lado lo individual, mutaciones en la arquitectura, el vestuario, las técnicas de actuación y el humor fue un recurso siempre a  mano. Berltold Bretch era el inspirador de los innovadores, quienes vinculaban el trabajo teatral con la realidad del país. El teatro militante. “En la toma de un barrio había unas tarimas donde iban a hablar los dirigentes. Mientras la gente se juntaba nosotros hacíamos las monerías, parábolas que duraban cinco minutos y que versaban sobre el poder y los dueños de la tierra…estábamos íntimamente relacionados con la actividad social y política”,   declaró a la prensa Lindor Bressan. La poesía. Benedetti, Gelman, Alejandra Pizarnik, Huasi, Madariaga, Gustavo Aguirre, Urondo, Veirave, Hermes Villordo y alguno injustamente olvidado, a todos ellos un recordatorio con versos de Benedetti: “Si me preguntas si me quiero comunicar, te contesto que sí, si me preguntas si estoy dispuesto a sacrificar algo para comunicarme, te digo que también. Pero lo que estoy dispuesto a sacrificar para esa comunicación no es cuestión poética, sino una cuestión de vida.”

 

En estas décadas de bonanza capitalista se cumplía la predicción de Marx, el pensador alemán sostenía que el desarrollo económico, la industrialización, acarrearía la disminución del campesinado.  En América Latina, el porcentaje de campesinos se redujo a la mitad en veinte años en Colombia, México, Brasil, en el resto el descenso fue menor pero nadie escapó a las generales de la ley. Argentina pasó de ser un país agrícola-ganadero a ser agro-industrial.

 

Por otro lado, el campesinado seguía inmerso en sus problemáticas sin resolver, por ende el proceso de radicalización política iniciado en los últimos años de la década de 1960 los abarcó. La última expresión orgánica de protesta de campesinos argentinos había sido el Grito de Alcorta. Al calor de la lucha en las calles e influidos por los acontecimientos que jaqueaba a la dictadura militar los pequeños y medianos propietarios rurales comienzan a cuestionar a una dirigencia que vive un acentuado proceso de burocratización En 1858 se había creado el Movimiento Rural de la Acción Católica que jugó un importante rol en la acentuación de la lucha campesina.  A la par de los debates que se generan en la Iglesia latinoamericana a consecuencia de las encíclicas papales, especialmente Pacem in Terris de Juan XXIII, surge también en el campesinado una nueva visión social  hasta ese momento habían estado influidos por posiciones conservadoras de la Iglesia. En el territorio de las provincias de Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones y tres departamentos del Norte de Santa Fe, nacieron y se establecieron Las Ligas Agrarias. Francisco Ferrara escribió un libro sobre ellas, en un párrafo se lee: “Una visión de esta etapa del Movimiento Rural que no contara con el testimonio que ofrecieron Las Ligas Agrarias, muy fácilmente podría estancarse en una valoración pobre y preñada de sectarismo sobre las ideas que proclamaban los jóvenes católicos. Su búsqueda no era directa sino que recorría los sinuosos caminos de la lucha y organización campesinas y encontraba enchalecadas sus definiciones por los escollos de las concepciones evangelizadores que habían orientado su labor en los primeros tiempos.

 

Sáenz Peña –Chaco- fue el lugar elegido para celebrar el congreso fundacional de Las Ligas Agrarias, se reunieron 60 delegados de 27 colonias, corrían los días de mayo de 1971. La edad promedio de los asistentes era de 31 años y el presidente del Congreso Osvaldo Lovey tenía apenas 22 años. En una prueba de fuerza el Congreso convocó a una movilización en apoyo de las reivindicaciones que planteaban en su programa. La respuesta fue una vocinglera manifestación de1.500 pequeños productores rurales. Las luchas continuaron, la bisoña conducción cometió en ellas errores motivados por un voluntarismo optimista. En el Segundo Congreso se aprobó un trabajo de inserción a través de la organización en las colonias. En un cartel colocado en el evento se leía: “Miedo. Ya no somos nosotros los que los tenemos, sino los explotadores. Varias veces lo hemos demostrado. Sólo así salvaremos al campo.” En una entrevista a la prensa campesina Osvaldo Lovey resumió el origen y razones de Las Ligas Agrarias. “En aquellos años estábamos sufriendo un azote económico muy grande a causa de la caída de los precios de los productos – por ejemplo el algodón- lo que provocaba un éxodo constante de gente. Obreros rurales, pequeños y medianos productores abandonaban sus campos, sus chacras y se iban a Buenos Aires debido a la falta de futuro. Las Ligas fueron una herramienta fundamental para defender nuestros intereses, ya que los grandes monopolios que operaban en la compra y venta y en la industrialización de los productos primarios estaban acostumbrados a fijar los precios a su antojo. Esta es una de las razones vitales que les dan origen. Después hubo elementos sociopolíticos que facilitaron esa construcción. Las políticas de la dictadura militar generaron una fuerte ola de reacciones populares en todos los sectores. No nos olvidemos que las Ligas no fueron un momento aislado, tenían que ver con lo que estaba pasando en el país con los trabajadores, el movimiento estudiantil, etc.”

 

Convulsiones sociales mundiales, Argentina un país en resistencia, nada ni nadie escapa al malestar creado por un gobierno despótico y al servicio del capital extranjero; “entre mayo y septiembre de 1969, Rosario protagonizó uno de los procesos más ricos e intensos de la lucha antidictatorial”, se leía en la prensa rosarina.

 

Bajo ese clima la tempestad arrasó a la burocracia sindical, surgen nuevas instituciones y nuevos dirigentes, se recupera un legado de lucha y de construcción de una sociedad justa. La CGT de los Argentinos fue fundada en el Congreso Normalizador, Amado Olmos, entre el 28 y el 30 de marzo de1968, con la elección del dirigente gráfico Raimundo Ongaro, encabezando la corriente combativa del movimiento obrero argentino. El grupo vandorista no participó del Congreso y el participacionismo se retiró al verse en minoría. El Programa del 1º de Mayo, publicado en esa fecha de 1968 en el Nº 1 del periódico de la CGT de los Argentinos, se consideraba continuador del Programa de La Falda, de agosto de 1957, y del de Huerta Grande, de junio de 1962.

 

El programa de La Falda y Huerta Grande está marcando un camino de liberación centrado en la fuerza y la organización de los trabajadores, así se desprende de sus presupuestos básicos: Nacionalización de la banca, comercio exterior, petróleo, siderurgia, energía; Planificación total de la economía;  Autogestión y control popular de las empresas ; Expropiación de las sociedades anónimas agroganaderas, la tierra para quien la trabaja;  Reforma urbana; Desconocimiento de los compromisos internacionales; Política nacional independiente; Solidaridad con los pueblos que luchan por su liberación .

 

Rubén Dri supo ilustrar sobre el desarrollo de la Teología de la Liberación. “En 1958, el acceso al pontificado de Juan XXIII cierra la etapa de Pío XII, caracterizada por una Iglesia cerrada en sí misma, monárquica y autoritaria. Se inicia así una etapa de grandes renovaciones. El Concilio Vaticano II es el primero que no realiza condenas por herejías, sino que escucha los nuevos reclamos, ubicando a la Iglesia en los grandes problemas del mundo.” La Encíclica de Juan XXIII no propone un modelo social que ofrezca una alternativa al capitalismo, exige un compromiso contra las injusticias que el sistema genera. 

 

En América Latina la respuesta fue atronadora. Agosto de 1957, Recife, Brasil. Dieciocho obispos de la región, África y Asia, encabezados por Helder Cámara dieron a conocer un documento donde reivindicaron el socialismo. Suscribieron los conceptos del Patriarca Máximo: “El verdadero socialismo es el cristianismo integralmente vivido, en el justo reparto de los bienes y la igualdad fundamental de todos”. Los amigos de la revista Los ’70 han escrito al respecto: “La irrupción de los ’70 atraviesa al cristianismo con todas sus disputas y lo convierte en campo de batalla entre la reacción y el cambio. Tras años de asimilación a los peores proyectos de poder en Argentina y el mundo, el cristianismo resurge, con Juan XXIII como herramienta de lucha con un vigor sólo presente en los años de las guerras por la independencia de Latinoamérica.”

 

Volvemos a Córdoba, Mayo, 1969. El Cordobazo fue precedido por una serie de movilizaciones estudiantiles y obreras cuyos puntos más altos son las manifestaciones de los estudiantes en Corrientes, donde cae asesinado Juan José Cabral y en Rosario los jóvenes Bello y Blanco, lo que provoca el levantamiento obrero conocido como el primer Rosariazo.

 

Todos los caminos conducían a Córdoba. El prestigio de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) atrae a jóvenes de provincias y países vecinos. Se conformó un colectivo universitario que fue adoptado por la gente de la Docta, que les mostró en cuanta oportunidad surgió amistad, solidaridad, aprecio. Ser joven y sin compromisos personificados en la cercanía, no era poca libertad.

 

Onganía tenía a los estudiantes cordobeses en la mira del fusil: “No permitiremos que acosen a nuestra juventud extremismos de ninguna naturaleza”, pronunció en un discurso que en Córdoba sonó a provocación. El Che Guevara solía decir que “a combatir se aprende combatiendo”, los estudiantes cordobeses aprendieron los secretos de la lucha callejera resistiendo en las calles los embates de la dictadura. Dos corrientes se disputaban la dirección del movimiento, el cristianismo de la Teología de la Liberación inspiraba al Integralismo, que se caracterizaba por su amplitud y el abierto enfrentamiento con la derecha clerical. Al mismo tiempo lograba adeptos una izquierda alejada de las posiciones tradicionales, se erigía una izquierda con perspectiva nacionalista que revisaba su pasado en relación con el peronismo; utilizaban  el marxismo en su lectura de la realidad. El estudiantado venía de protagonizar una extensa huelga cuando en la primera semana de septiembre de 1966 hubo de retornar la lucha en las calles. Operativo distracción. Los volantes aletearon en la Plaza Colón, pretendían atraer a la policía a la mítica plaza y realizar la concentración masiva en el centro de la ciudad. A veces los planes se frustran, más de mil estudiantes fueron cercados y prácticamente inmovilizados por un fuerte aparato represivo. A todo esto, en el centro, miles de estudiantes vivían su alegría de oponerse a las injusticias cuando el aire se llenó con el atronar de decenas de patrulleros policiales. El enfrentamiento fue duro, piedras contra patrulleros, gases lacrimógenos versus fogatas, llegaron los refuerzos de la policía: la infantería. Los estudiantes se concentraban y desconcentraban. Se luchaba en un escenario de 20 cuadras, la represión procedió como procede siempre; frente a la galería Cinerama un policía con un corto disparo asesinó al estudiante Santiago Pampillón. Los jóvenes se replegaron en el barrio Clínicas. En los años siguientes continuó la resistencia y se estrecharon lazos solidarios con el movimiento obrero; el liderazgo de Agustín Tosco fue un factor de importancia para la unidad obrero-estudiantil.

 

El 29 de Mayo de 1969 la ciudad amanece con un paro general convocado por la CGT, en la que convivieron un largo tiempo el peronista Atilio López y el marxista Agustín Tosco. El paro se lleva a cabo por 36 horas. Una movilización obrera hacia el centro de la ciudad es el complemento del paro. La eliminación del sábado inglés incentiva la oposición obrera. La movilización estuvo claramente encabezada por las columnas de los sindicatos SMATA, Luz y Fuerza, UOM, UTA que avanzaron hacia el centro de la ciudad. Se movilizan de 3.000 a 4.000 obreros de IKA a la que se suman 1.000 metalúrgicos. También marchan los obreros de combativas fábricas como Perdriel, ILASA, y Perkins, así como de IME y la Fiat (aunque no organizados) también participaron. En el caso de Luz y Fuerza la columna había reunido a 1.000 trabajadores mientras que los empleados públicos, bancarios, judiciales, municipales y de comercio también fueron de la partida. El SMATA, conducido por Elpidio Torres, hombre de la burocracia peronista, fue el sindicato más fuerte que transitó las calles de Córdoba , 6  mil obreros avezados en la lucha integraban sus filas.

 

La unidad obrera estudiantil fue una de las claves de la jornada y un signo de la época. Juan Carlos Onganía dictó la intervención de las Universidades. La respuesta estudiantil no conoció medias tintas, se vivió un proceso raudo de politización, asambleas, democracia directa, luchas callejeras; chocaron las viejas y las nuevas representaciones estudiantiles. En consonancia con las políticas oficiales de generó un marcado vaciamiento académico. La Reforma de 1918 en Córdoba dejó como herencia el gobierno tripartito, la autonomía y la gratuidad de la enseñanza, la nueva camada estudiantil deseaba avanzar por sobre y desde lo logrado, cuestionaban los límites de la estructura establecida y anhelaban una Universidad abierta al pueblo. Se estima que 10 mil estudiantes participaron en esas jornadas de lucha antidictatorial. En la ciudad mediterránea,  involucrado en el enfrentamiento de clase se encontraba Raimundo Ongaro, máximo dirigente de la flamante CGT de los Argentinos. Un rumor extendido en La Docta susurraba que un hombre del Partido Comunista, el veterano sindicalista Canelles ofició de mediador para que se encontrasen Torres y Tosco a fin de acordar los pasos a dar ante la dictadura.

 

La represión intentó frenar el avance de las columnas y la represión provocó la muerte del joven obrero Máximo Mena que integraba la columna de la planta Santa Isabel de la firma IKA. La noticia corrió como reguero de pólvora y la ciudad fue ocupada por los obreros y estudiantes que derrotaron a la policía y ocuparon 150 manzanas alrededor del centro, que en una verdadera escena de batallas callejeras y guerra de guerrillas urbana se cubrieron de barricadas, comenzando a coordinarse entre sí para frenar la represión. Para retomar el control, la dictadura debió apelar al Ejército que por la noche del 29 y la madrugada del 30 se enfrentó a nidos de francotiradores que cubrían el repliegue de los manifestantes.

 

A poco de andar en días de tensa lucha de clases, en Fiat el sindicato Sitrac-Sitram se convirtió en la avanzada del clasismo cordobés de antagonismo radical con el Estado. Como asesor jurídico del sindicato ofició Alfredo Curutchet, el “Cuqui”, persona muy querida por los trabajadores. El Cuqui fue arrancado de las barricadas levantadas durante la lucha y llevado a prisión. De inmediato Cuqui fue visitado por su madre, el cautivo le pidió que fuese al local sindical, controlado por la policía,  y retirase el libro de actas. Los uniformados fueron permisivos ante esa persona mayor que pidió retirar efectos personales de su hijo. Cuando la mamá de Cuqui se retiró llevaba en su bolso el libro de actas. Pasaron los años, quedaron en el pasado las rejas, y los trabajadores iniciaron juicio a la empresa Fiat por haber sido despedidos cuando los comprendía la inmunidad sindical. Fiat les negó ese carácter…entonces apareció el libro de actas. Fiat perdió por primera vez un juicio laboral en América Latina, debió pagar una sustancial indemnización. No hay noticias de otro juicio semejante.  En épocas de Isabel Martínez de Perón, Cuqui fue asesinado por las Tres A.

 

En el balance surgieron opiniones diversas. En 1994, Lucio Garzón Maceda, que fue abogado de la CGT de los Argentinos manifestó: “El Cordobazo era el final de un proceso y no era el comienzo de nada.” Desde la izquierda del abanico político se opina que el análisis de Maceda obedecía a su anhelo de que el Cordobazo persiguiese como objetivo excluyente el retorno de Perón. Esas mismas voces recuerdan una anécdota vivida en el local de Luz y Fuerza, en la casa de las palmeras de la calle Deán Funes. En el cuarto piso del edificio se halla un grupo viendo el noticiero televisivo. El entrevistador preguntó: “¿Qué opina general de Agustín Tosco?” Repuesta de Perón:    “¿Tosco? ¿Quién es Agustín Tosco?”. El dirigente cordobés que venía siguiendo con atención la entrevista se puso de pie y exclamó  “¡Que viejo hijo de puta!” Del cajón de un escritorio próximo extrajo una carta que le había enviado el ex -presidente y comenzaba con un afectuoso: “Mi querido compañero Tosco”. La misiva fue escrita para felicitar a Tosco por su participación en El Cordobazo.

 

En la izquierda cordobesa rescataban que El Cordobazo fue el comienzo de un nuevo sentido común, un pensamiento de ruptura,  de  emancipación, de liberación. El socialismo con ambigüedades conceptuales, con indefiniciones, con el peso de diversas corrientes se incorporó en la avanzada obrera y estudiantil, desde la universidad se extendió a las fábricas y no escaparon a su influjo algunas iglesias y barrios. Los debates en los centros de reunión tenían al socialismo como uno de sus temas centrales. Los aires de la época reunieron a Ernesto Guevara y Eva Duarte. El primero sostenía: “No hay más reformas que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución”. A su vez Evita pregonaba: “El peronismo será revolucionario o no será nada.” Durante décadas el ejército argentino hizo trizas la democracia burguesa y la constitución nacional fue letra muerta, el onganiato fue una página más en esa historia. Con el Cordobazo y los días que le precedieron el pueblo aprendió a enfrentar en las calles una represión violenta. No pasará mucho tiempo para que surjan las organizaciones político-militares.

 

En la metodología de lucha instrumentada en El Cordobazo se observan brotes del sindicalismo clasista, acción directa y el fuerte contenido simbólico que reflejaban las barricadas y fogatas callejeras. El joven proletariado cordobés nacido a consecuencias del proceso de industrialización desarrollista buscó en sus prácticas su propia identidad ideológica-política, su enfrentamiento  frontal a la patronal, los demarcó de las posiciones de una burocracia corrupta, contemplativa ante la  cruda explotación monopólica de los trabajadores. Las asambleas  se constituyeron en órganos de  decisión, expresión de una voluntad colectiva que sustentaba a la única política válida, la emanada del consenso de los pares.

 

El paraíso que no fue.  ¿Acaso había en los pueblos del Primer y Segundo Mundo una conciencia colectiva que les hacía presentir que los días dorados del capitalismo habían llegado al final del camino?  ¿Acaso había en los obreros y pueblos del Tercer Mundo un presentimiento/ilusión de que los días dorados del capitalismo podían mutar por los días dorados de los trabajadores? Como la humanidad avanza paso a  paso los monopolios impusieron su propio calendario: capital financiero, desigualdades sociales abismales, violencia, fraudes, hambre,  burgueses con fortunas inimaginables, injusticias, el mundo por mercado, apropiación de recursos naturales de los pueblos, la lista se puede continuar en extenso…

 

*Iniciativa conjunta desarrollada por Resumen Latinoamericano, Contrahegemoníaweb y La luna con gatillo.

** Sociólogo, Universidad Nacional de Villa María (UNVM)

  

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