Charlas del Monte XXIV. Un alma con brisa

Lealtad con uno mismo.


Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…


Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.


Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.


Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.


Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.


No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.


No tolero a manipuladores y oportunistas.


Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.


Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.


Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…


Sin muchos dulces en el paquete…


Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.

Que sepa reír, de sus errores.

Que no se envanezca, con sus triunfos.

Que no se considere electa, antes de hora.

Que no huya, de sus responsabilidades.

Que defienda, la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.


(Mario Andrade, Mi alma tiene prisa Poema golosina)



Charlas del Monte XXIV

Un alma con brisa



Por Tomás Astelarra



Sara Masteralto es una de esas personas que uno desearía que estuviera en los altos puestos gerenciales de este sangrante presente globalizado. Juglar eterna, feminista vieja guardia, amiga de Franco Basaglia, con quien llevó adelante los procesos de desmanicomialización y empresa social en Italia. Conoce los más recónditos rincones del planeta, sus experiencias sociales, pero es cultora de la oralidad. No por miedo, sino por convicción. De hecho cierta vez que buscaba un seudónimo para relatar las crudas experiencias de la cuarta guerra mundial en Locombia ella me dijo: Vos poné mi nombre.


Juraría que hasta tiene poderes sobrenaturales. Además de su sencilla sabiduría. Cierta vez en Mocoa, capital del Putumayo, en un húmedo cuarto de hotel maluco, hablando yo no se que cuestión trascendental, o no, aseguró poder atravesar la pared. “Yo te creo, pero no lo hagas. Me cagó de miedo”, le dijo el Pablito.


Usa frases cortas, es su castellanotano latino, deja las palabras en al aire, y luego mira alrededor con picardía. Pero nadie quiere usurpar sus palabras volando en el aire. Agitando las neuronas como atrapamoscas, o atrapapalabras. Y entonces ella continúa. Una, dos, tres, quince veces... Hasta que su expresión parece decir: si van a seguir aprovechándose de mis pensamientos, al menos inviten una birra.


Y entonces el Jipi Matías se levanta y va hacia la barra del Mario. O le hace una seña al Pelusa.


El bar del Mario es un lugar levemente inhóspito para gringos, jipis y sobre todo: mujeres. Pero Sara pasa tan desapercibida como la rocola con sus largas trenza rubias y sus trapos de colores.


Es casi un ser invisible, que no permanece sino en la inspiración de los caminos por andar, en el reflejo de su humilde transitar, en la certeza esperanzada de alguna energía subterránea que teje futuros dignos. Como la abuelita medicina, ella cubre de imágenes la sombra del mundo.


Y vaya uno a saber de que cuestión trascendental, o no, estábamos chamuyando cuando acertó esa frase que quedo rondando en la cabeza.


“Ahí donde veas una experiencia autogestiva exitosa, busca intiligentemente entre sus líderes. Seguro encontrarás un patrón. O patrona. Porque el patriarcado no es solo cuestión de hombres”.


“No hay tal cosa como la horizontalidad o el mandar obedeciendo entre los mutantes urbanes y colonizades que intentan zafar de este descalabro. Salvo contadas excepciones, pueblas originarias en general, algún milagro. No estamos preparades para tal cosa. Ni para aceptar nuestras propias contradicciones, o ejercer una autocrítica sincera de nuestroas monstrues y soberbias. Incluso, siendo compasivos, este estado criminal y coptado por el poder que tanto criticamos puede ser más eficiente en palear las necesidades sociales y ambiental que nuestroas endebles proyectoas. Sobre todo bajo la vara de las respectivas ambiciones”.


“Pero ese es el intento”


“Esa es la verdadera forma de acecharse frente a esta hidra capitalista”


Dibujo: Nico Mezquita