Charlas del Monte. La raíz ancestral en la política de Cambiemos

May 29, 2018

Por Tomás Astelarra

 

El jueves Shushú (apócope de papa del aire en brazuca) cayó tempranito a la Tatusera (apocope de ranchada al estilo tupamaro en yacantés nadaísta) pa’ ayudarme a colocar una ventana. Quedamo’ a trueque por un par de libros de plantas, una asesoría musical y unas semillas de nabo daikon. Al ratito cayó el Taita Gabi. Matecito y puchito de yuyos de monte, charlas del barrio (o monte), recolecta de herramientas comunitarias desperdigadas por el territorio, análisis metódico de las posibilidades de la improvisación arquitectónica, otro matecito, otro puchito y a laburar. Lento pero prospero, es el mandato del Apu Champaqui. Al ritmo del más lento, dicen las cumpas zapatistas. El más lento vendría a ser yo, que hace dos años que arranqué la casa y por tercer invierno estoy más cerca de cerrar la tatusera que poner el techo del rancho. Hay diversas teorías. De todo. Y toda.

Las mingas o trabajos colectivos yacanteses son un realitishou digno de Polémica en el Bardo (Charlas del Monte). Se barajan diversos temas que van del delirio patafísico a una certeza geopolítica que asusta. En algún momento siempre caemos en el bolillero “política nacional”. Se sospecha que Shushú perfectamente podría haber votado a Cambiemos. Pelacini es evidentemente kirchnerista. Creo que Kamacho vota al FIT solo pa romper las pelotas. Yo no voto pero a veces lo pienso. Al Jipi Matías mejor ni preguntarle. Pero de todos los analistas políticos barriales, el Taita Gabi es el que más me sorprende. Uno va y viene, asambleas, reuniones, viajes, laburo periodístico y social, decenas de opiniones, análisis metódicos, expertos internacionales, bar de Mario, cuadros sinópticos... y vuelve al barrio y el Taita Gabi que de reojo escucha las noticias de la radio mientras construye ranchos, cría gallinas, prepara arcilla pa moldear cerámica, muele algarroba, recoge conanas y puntas de lanzas comechingonas y juega con la princesa Inau, te tira el mejor análisis político de la semana.

 

Está vez el que me parte la cabeza es Shushú: “Yo no creo que estos tipos dejen todo así tan para la mierda. Si afanan la mitad de lo que vienen afanando y tiran un par de huesos el año que viene ganan las elecciones. Esto es como las mamitas en Bolivia, retaque puro, te pintan la peor situación, se hacen las enojonas, parece que te vas a ir sin tu librita de papa o coca y al final te venden. Caro pero te venden. Macri va a hacer lo mismo. Te inventó la pesada herencia, la crisis para llamar al FMI y hacer el ajuste, y cuando se pudra todo en vez de cobrarte 10 las tarifas te cobra 8, baja dos puntos la inflación, les sube tres pesos a los jubilados, ajusta un poco salario y desempleo, arregla las cuentas con Clarín y el peronismo y todos contentos. Ganan”, advierte mientras chequea con el nivel el marco de la ventana.

Visión apocalíptica pero certera. “A mí lo que me gusta es esto de la austeridad, consumir menos...”, recalca el Taita Gabi mientras observa detenidamente una piedra a ver si calza en el revoque del marco de la ventana. “Si no fuera porque en el caso de Cambiemos es el famoso haz lo que digo pero no lo que hago”, agrego citando al Jipi Matías mientras le echo un poco más de cal al pastón. “Y porque reviven aquello de Sarmiento de no ahorrar sangre de indios”, vuelvo a pensar en el Jipi. “Indios, jipis, pibes de gorra, mujeres, anarcoterrotistas, ecoterroristas, terroristas por las dudas y algún boliviano incendiado en los talleres clandestinos de su excelentísima primera dama”, interviene el auténtico Jipi Matías saliendo de entre las jarillas con una azada al hombro.

Ahí Shushú prende el generador para usar el taladro y es como si, tras un paréntesis donde nadie entiende qué carajo dice el otro, el bolillero girara a “soberanía alimentaria”. “Mientras haya tupinambur y papa del aire aguantamos cualquier crisis”, dice mientras martilla una varilla enroscada del 8. “Crisis es oportunidad”, aclara el Taita Gabi mirando de refilón el agua del pastón. “Dicen los chinos que también son terrible imperialistas”, oscurece el Jipi Matías pasando a “política internacional” mientras saca la manguera del pastón. “Los únicos que zafan son los bolivianos que se llevan bien con los chinos”, digo paleando mezcla a un par de baldes. “Son los únicos que zafan en todo el continente. Son bravos. Como comida siempre tienen, pueden darse el lujo de protestar. Tres marraquetas un boliviano. Llega a subir y se pudre todo. Las mamitas agarran la dinamita y al carajo con el gobierno”, recuerda Shushú chequeando la firmeza del marco con la varilla enroscada y el revoque. “Son el próximo imperio”, digo armando un pucho y recordando dos situaciones que desafortunadamente me darían crédito como gurú del análisis político.

La primera: El Colo echándome flores el último asado du monte. “¿Sabés por qué te admiro culiao? Porque me acuerdo ese viaje a Rosario hace como diez años con La Colo cuando vos le decías que en Argentina se venía el modelo narcoparamilitar colombiano. Pa’ mi tabas completamente loco. Y para La Colo exagerabas. Pero ahora veo y digo: que culiado, tenía razón”.

La segunda: Debes haber sido por la misma época, o un cachito antes. Macri había perdido por poquito las elecciones a jefe de gobierno porteño. Fumábamos en la terraza de la casa de mi primo en Palermo cuando le dije: “Reíte, pero este tipo va a ser presidente”. “¿Y después quién viene Tinelli?”, se cagó de risa mi primo. Viendo en lo de Pelacini por directivi la entrevista que Novaresio le hace del pibe de Bolívar en una peluquería digo: “Joputa primo tenía razón”. “El que carajo le arme los discursos es mejor que Durán Barba”, agrega Pelacini.

El deja vu dura menos de un minuto que es suficiente para que el pastón de rebalse de agua. Shushú ya está en la bolilla “recetas con papa del aire”.

 

Advertencia: Estas charlas son ficción. Ciencia Ficción Jipi

Dibujo: Leo Occipinti

 

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