Cultura popular y cultura de elite en el cine argentino

April 3, 2018

Por Gonzalo Aguilar*

 

Gonzalo Aguilar con más reflexiones sobre cine y literatura latinoamericana, en esta ocasión nos comparte su visión acerca de las películas "Gilda" y "El ciudadano ilustre".

 

Este 2016 el cine argentino, en cuanto a público, cierra con dos grandes éxitos:  Gilda de Lorena Muñoz y El ciudadano ilustre de Gastón Duprat y Mariano Cohn. Amabas películas muy exitosas, incluso con un premio internacional como es el caso de El ciudadano ilustre y muy buenas críticas en general, en el caso de Gilda. Lo que sorprende o llama la atención es que ambas películas plantean una mirada sobre la cultura popular y es muy interesante que hayan surgido en estos momentos de post kirchnerismo, donde el gobierno actual no es de carácter popular (independientemente del acuerdo que uno pueda tener con el anterior gobierno). La temática está puesta bien en el centro, es decir: qué va a pasar con la cultura popular, qué visión tenemos y cómo ha quedado la misma, y un buen eje para pensar estas películas.

En El ciudadano ilustre se cuenta la historia de un escritor que gana el premio Nobel y que vuelve a su pueblo donde se presentan una serie de conflictos fuertes. Repite bastante la estructura de la película El hombre de al lado de los mismos directores, donde uno de los personajes es un arquitecto muy desagradable, sumamente intolerante y a la vez muy culto y el otro es un hombre típico popular (interpretado por Daniel Aráoz) que aparece en principio como un tipo pesado, siniestro, que en el final de la película tiene un acto heroico que lo reivindica ante el espectador. La misma estructura se mantiene en El ciudadano ilustre: un tipo muy desagradable, que no quiere saber nada con ese pueblo al que mira con mucho desprecio, además la gente del lugar es bastante pesada. Lo que cambia es la resolución, a diferencia de El hombre de al lado donde aparece esta suerte de reivindicación, antes mencionada, de este hombre de la cultura popular que tiene mal gusto, que no sabe apreciar a Le Corbusier, que es una persona limitada del punto de vista estético (incluso realiza una escultura horrorosa); entre el ciudadano y el pueblo lo que sucede es que no hay diálogo posible y ninguno de los dos sectores llega a tener ese momento de reivindicación. Esto lleva a pensar en la carrera de los directores Gastón Duprat y Mariano Cohn, que vienen un poco de una televisión donde la gente podía hablar libremente, una especie de televisión abierta, donde tuvieron su primer éxito con esta línea que es bastante fuerte porque tanto la visión de los sectores de elite como de los sectores populares es muy despectiva y muy despreciativa. En este sentido, en Argentina, el director que es la referencia más fuerte en el tratamiento de la cultura popular en el cine es Leonardo Fabio, por lo menos de la segunda mitad de siglo; con la diferencia de que Fabio a veces mostraba personajes que hacían cosas realmente muy malas (como es  el caso de Juan Moreira que podía ser un puntero político de la peor calaña, pasarse de bando e incluso llegar a matar) pero nunca los juzgaba, tenía una mirada más de ver que estaba pasando ahí y ver porque se llegaba a esa situación (lo que en la novela de Gutiérrez se llama la pendiente del crimen). En el caso de Cohn y Duprat se juzga permanentemente a los personajes y la visión es muy despectiva, donde aparece esta idea de que, en la cultura argentina (por lo menos en ciertos sectores) la cultura elite y la cultura popular aparecen como dos cosas separadas que no se pueden comunicar y que cada vez que lo hacen se produce o una catástrofe o un malentendido. Es una mirada fuerte donde la cultura popular desde adentro es pura inconciencia, que no tiene idea de sí misma (como es el caso de Aráoz o los personajes del pueblo de El ciudadano ilustre) y vista desde afuera es algo grotesco. Por un lado, está la visión del “mal gusto” con la que de alguna manera se trata de congeniar con el espectador que supuestamente pertenece a una elite, pero a la vez también aparece la burla de ese espectador como, por ejemplo, en la escena de El hombre de al lado donde uno de los personajes escucha ruidos y piensa que es una obra de John Cage o de música contemporánea y resulta que eran los albañiles que estaban trabajando al lado. La idea de que tanto la cultura popular como la de elite tienen un elemento falso, un elemento equívoco, un elemento que no pueden resolver. No son de mi gusto las películas de Cohn y Duprat, pero sí me parece que reflejan bien esta idea de situación dual, de que no hay posibilidad de diálogo.

 En Gilda esto cambia totalmente ya que es otra la visión que está en juego en cuanto a la cultura popular, que parece acercarse más a la de Fabio. Aunque si bien es una película que me gustó mucho, no llega al extremo de Fabio porque él acompaña a sus personajes pero a la vez muestra que son capaces de hacer cosas con las cuales uno no parecería estar de acuerdo (como el caso ya mencionado de Moreira o el mismo Nazareno). En cambio, el personaje de Gilda aparece como muy positivo, que toma medidas a veces muy extremas pero que son medidas que uno comprende y hasta acompaña. Después la película tiene detalles muy asombrosos y muy bien logrados, como el personaje del esposo de Gilda, interpretado por Lautaro Delgado (que es muy buen actor) donde se ve como larvada una especie de violencia de género, mostrando a la figura de Gilda procesada por una cantidad de motivos de la política actual, sobre todo esta política de género. Y el mundo de la bailanta está mostrado de una manera menos sórdida de lo que uno sabe que es (no el mundo del público de la bailanta sino el de los empresarios, de los dueños de la pelota). De todos modos, lo interesante en Gilda es que nuevamente aparece esa diferencia entre la cultura popular y la cultura de elite, incluso con la película la misma Gilda comenzó a tener una penetración mayor en sectores que antes eran bastante indiferentes y hasta hostiles tanto a la cumbia, a la bailanta o a ella misma. El problema fue que Gilda, siendo una cantante muy talentosa, con mucho ángel, con unas composiciones que son una especie de anti tango que tienen un mensaje muy femenino y a la vez muy fuerte, hizo su carrera absolutamente sola en términos de cultura y nunca se le acercó un productor de calidad que pudiera lanzarla a un terreno mucho más híbrido. Si uno escucha las grabaciones de Gilda, las mismas son un desastre desde el punto de vista técnico, de instrumentación, profundidad y matices, de una interpretación muy monótona que no quiere decir que ella no sea buena, sino que deja ver esa dificultad para construir una cultura en red, para salir de esta lógica de que hay algo que es popular y hay algo que es de elite o algo que es de ciertos sectores y no poder pensar que tiene que haber una circulación mucho más dinámica. Esto evidentemente no es algo que esté en la película ya que se trata de una celebración muy fuerte de Gilda como personaje y como cantante. Sin embargo, esa separación entre elite y pueblo sigue siendo una marca muy presente de la cultura argentina y genera un tipo de práctica donde sucede que hay fenómenos en los cuales los intelectuales o sectores con un tipo de formación más tradicional, que pasaron por la universidad o que de alguna manera tienen una formación musical más sofisticada, no están abiertos a lo que pasa del otro lado. Quizá se da como una especie de falta de vasos comunicantes que de alguna manera también perjudica a esos sectores. Esto no es solamente entre lo alto y lo bajo (que sería para mí una caracterización errónea) pasa también con el mundo del rock donde hay músicos o compositores totalmente excepcionales que nunca tuvieron interpretes en el campo intelectual. Por ejemplo, Charly García en la época de Sui Generis, cuando en su tercer disco hace un salto muy fuerte a nivel de las letras, en ese momento (entre Confesiones de invierno e Instituciones) conoce a David Viñas y se mete un poco en el campo de lo que se estaba cocinando en esa época (estamos hablando del año ’74, ’75) y pretende hacer un disco más elaborado que es Instituciones con letras muy difíciles y muy complejas. (La realidad es que Viñas después nunca escribió nada sobre Charly, nunca lo consideró y si uno lee la obra de Viñas es un personaje totalmente invisibilizado.) Otra relación de ese estilo es Spinetta y Piglia que también eran amigos y, de hecho, Piglia en Respiración artificial hace una especie de chiste con esa cuestión. A nivel de producción de libros y de gente que está tratando de mediar, que no es que sea fundamental pero sí le da otra dimensión al fenómeno, cuando uno piensa en Bob Dylan y todo lo que se escribió y se habló sobre él, eso también lo mejoró, de hecho, él siempre estuvo en diálogo con eso. Pero en algunos músicos se nota esa dificultad, esa falta de fluidez en esos intercambios culturales. Hasta de alguna manera tratando de compartimentarlos en popular, de culto, rock, esto o lo otro y no ver otras posibilidades. El tema sería ver en qué punto se encuentra lo popular. La película Gilda tiene algunos elementos donde arriesga en este sentido, por ejemplo, no es la voz de Gilda sino la de Natalia Oreiro la que interpreta los temas, por lo que se vuelven a grabar y además en el disco hay una versión con el Negro Rada y en la película aparece Ricardo Mollo, lo que puede entenderse como una promesa de diálogo con respecto a eso, de hecho, Ataque 77 hizo una versión muy linda de un tema de Gilda. Si uno compara con Brasil, que es un país donde la música tiene más fuerza a nivel social, político y cultural, uno ve que sus temas se reinterpretan y se reactualizan permanentemente. Es verdad que el tango tiene sus dificultades para ser actualizado, pero de alguna manera eso intentó Spinetta con Fito Páez en su disco Bla bla bla. Sin embargo, esos intentos terminan marcando a veces esas fronteras, no por los intentos en sí mismo sino porque no terminan de quebrar, no termina de armarse esa música donde todo vaya confluyendo y se vaya dando en red, sin importar si esto es tal cosa o esto es tal otra. Es verdad que en los ´90 se dio un giro en ese sentido, pero si uno va viendo el proceso me parece que todavía falta un poco.

 

*Columna sobre cine de la emisión radial del 24/11/2016 de La luna con gatillo

 

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