6 meses sin Santiago Maldonado: prosapia de un país bajo cero

February 7, 2018

Por Lea Ross

 

 

 

El 01 de agosto de 2017, alrededor de las 11:30hs., decenas de gendarmes entran al puesto del Pu Lof en Resistencia Cushamen. Uno de ellos saca una fotografía. Santiago Maldonado, con una campera celeste y la cara tapada, permanece al costado del puesto del puesto mientras veía el avance de los gendarmes. Inmediatamente corre hacia donde está el río.

Lucas Pilquiman y Santiago se sumergen en las heladas aguas del río Chubut. Pilquiman lo agarra del brazo, sabiendo que “El Brujo” no sabe nadar y tiene fobia al agua. “No puedo, peñi”. Se quita el brazo y retrocede. Pilquiman nada desesperado hasta llegar a la otra orilla. Mientras los gendarmes bajan hacia la orilla, uno de ellos grita: “Tenemos a uno”.

Minutos después, los gendarmes salen del río. El subalférez Emmanuel Echazú sube ensangrentado y con una escopeta Bataan en la mano. Eso no le impide registrar en un acta todo lo ocurrido. Las camionetas y unimogs se mueven.

El cuerpo de Santiago aparecería 78 días después. 300 metros río arriba, a contracorriente.

Pasaron seis meses que Santiago Maldonado perdió su vida y que hasta el momento no hemos podido descifrar todavía lo que le pasó. Detrás de su rostro de frente, de ojos cálidos, émulo de un Jesucristo, nos lleva a sumergirnos a las corrientes heladas de un transcurrir ancestral que nos deja helados.

La sangre indígena lleva derramada más de 500 años, cuando la patria no existía. Cuando ya existía, vimos que el comienzo de la historia nacional del presidencialismo fue también el comienzo de la historia nacional financiera. El empréstito de la Baring Brother como inicio de la deuda externa, viajaba en paralelo con la “hipotecación” de las tierras públicas. Estaba emergiendo la figura del latifundio. Y por ende, la Oligarquía.

Faltaba la Patagonia. Había que esperar el ascenso de la Oligarquía en el poder, mediante la construcción del Estado Moderno, como lo conocemos hoy en día. Lo contradictorio era que si la base política apuntaba a la fórmula de Alberdi, “gobernar es poblar”, la prometida campaña desertificó más al “desierto” mismo. La Patagonia se llenó más de cadáveres que de personas vivas.

Tal como señala el historiador Ramón Minieri en su libro Ese sur ajeno, distintas empresas británicas se apoderaban de las tierras patagónicas, con la curiosidad que varios de sus directorios estaban conformadas por las mismas personas. De a poquito, las empresas se unificarían y conformarían la Compañía de Tierras del Sud Argentino S.A. o simplemente “La Compañía”. Para los años noventa del siglo XX, las acciones de La Compañía se venderían al magnate textil italiano Luciano Benetton, convirtiéndose en el mayor terrateniente de la Argentina con 900.000 hectáreas donde habitan sus ovejas, cuya lana es exportada a Europa.

Hoy se estima que hay una treintena de pueblos indígenas u originarios en el actual territorio argentino, divididos en más de 1.600 comunidades. La quinta parte vive en zonas rurales, que abarcaría un total de 14 millones de hectáreas.

Cuando Mauricio Macri asumió la presidencia recibió como “pesada herencia” 185 conflictos indígenas en todo el país, según Amnistía Internacional, referidos a disputas de tierras, causas judiciales, terribles hechos de violencia, etc.

Se calcula que de las actuales causas judiciales anti-indígenas, la mitad es contra los mapuches. ¿Por qué? La explicación la podemos desentrañar en tres variantes. A) Desde lo social: el mapuche en general se abstiene de mostrarse como víctima y se posiciona bajo un trato igualitario frente al no-mapuche. Sumado a que varios de sus dirigentes tienen formación política y académica; eso reaviva el recelo racista que hay en el argentino blanco. B) Desde lo geopolítico: la reivindicación de la Nación mapuche es profetizada por distintas comunidades que ocupan una gran extensión que abarca como mínimo cuatro provincias. En algunos casos, con un trabajo más aguerrido y de acción directa. Desde el Estado, eso genera mayor preocupación. Sumado a que es un pueblo transfronterizo (Chile-Argentina), lo que permite al aparato estatal ser más plausible en la aplicación de fuerzas represivas fronterizas. C) Desde lo económico: la organización mapuche pone en vilo las inversiones extractivistas, incluyendo el grandoradísmo de Vaca Muerta. Además de generar preocupación a los terratenientes como Benetton, que ahuyentaría el resto de las inversiones extranjeras.

Se calcula que la cuarta parte de la localidad chubutense de Cushamen está extranjerizada. Según el lonko Facundo Jones Huala, en la década del '20, parte de los ingleses de “La Compañía” habían adulterado los mapas que dividían las tierras de sus ancestros. Si esa información es correcta, el gran empresario de las ropas coloridas, Luciano Benetton, perdería una parte de las tierras de su “Compañía” y sería una derrota frente a los mugrosos indios que tanto aterra a las corporaciones. Algo no deseable para un modelo económico como el de Macri, que hasta el momento no logra atraer esas inversiones y solo se sustenta con el endeudamiento externo.

Santiago Maldonado sería el último personaje de portada para la revista Billiken. Todo un personaje cuya sustancia política es succionada bajo el encanto de su abultada barba negra. Es notable cómo el cristianismo atraviesa a distintas clases sociales, incluso para los ateos. Su carita aparece en stickers, posters, banderas y otras impresiones. Ha generado mucha pasión a un sector de la militancia adherida al pensamiento progresista y/o nacionalista, a pesar de que Santiago era anarquista. Algo que no ocurrió con el rostro de Mariano Ferreyra, con sus rasgos faciales semejantes a los de Santiago. La explicación no pasa sólo porque Mariano era trotskista, sino porque fue acribillado en el período kirchnerista. Bajo la tutela de la “violencia institucional”, el progresismo muestra su faceta de selectividad a la hora de denunciar. No convenía hablar, por ejemplo, de la desaparición de Luciano Arruga en el período del ballotaje de 2015. Ni siquiera Luciano tenía barba.

Curioso como lo revindican a Santiago los mismos que rechazan el uso de la capucha y las piedras en las marchas. ¡Pucha, che, qué mala la capucha! O que, directamente, el que tira piedras es un infiltrado de Bullrich. El “Fuera Bullrich” acorde más a un interés electoral, sirve para sacarse de encima a esa ministra que emula a alguna creación de Stephen King para no entorpecer la investigación de su muerte. Pero no así explicando por qué Santiago ofreció su cuerpo en ese sur lejano. El “Fuera Benetton” es más invisible.

Y es que tanto por derecha como por izquierda, el asunto indígena es leído por dos variantes: “la folclórica” y “la miserabilista”. Si no son los vecinos blancos o el mismísimo Presidente realizando la ceremonia de la Pacha Mama en Humahuaca, maravillados por los colores de la Whipala, son los distintos sectores políticos o mediáticos que solo hablan de las comunidades cuando hay una represión policial o puedan exponer casos de extrema pobreza o de desnutrición. Los indios: o son simpáticos o son víctimas.

Pero en realidad, a nivel Latinoamericano, el indígena es un sujeto político en ascenso. Un sujeto activo capaz de confrontar(nos) e interpelar(nos). Algo difícil de digerir. Hablar de estos temas, es cuestionar(nos) a la patria que nos parió.

En éstos momentos, el juez Gustavo Lleral ordenó realizar unas pruebas sobre cómo es posible que el DNI de Santiago, que apareció en su cuerpo, no haya estado arruinado por la sumersión del cuerpo. Se mantiene la caratula de “desaparición forzada” y con la imputación de Echazú.

A su vez, la Policía de Chubut realizó el viernes 2 de febrero pasado un allanamiento en el Pu Lof por una investigación de robo de caballos. La denuncia la había realizado la gente de Benetton.

Para cerrar: no hay avances en la investigación por el asesinato de Rafael Nahuel. Ni siquiera el nombre de algún sospechoso.

Será justicia.

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