Ciertas batallas o limosnas

En el patio de la institución les jipis se agolpan en un rayito de sol para campear el crudo invierno que excede el clima y se expande ante la falta de billete y la derrota de ciertas ideas autonomistas en medio de esta normalidad capitalista de muerte.

“Durante estas décadas, más allá de los procesos de resistencias populares y de las gestiones progresistas de Estados nacionales en determinados países Latinoamericanos durante algún tiempo, cabe preguntarse si el capitalismo no sigue ocupando, sin fisuras, el horizonte de lo pensable, tal como caracterizó Fisher en su libro Realismo Capitalista. Si esto es así, entonces, debemos ampliar la mirada respecto del neoliberalismo, y asumir que, además de un “modelo nacional” de gestión estatal, de un programa conservador, de un partido (o coalición de fuerzas) de derecha, de una determinada cantidad de personajes de la “clase (casta) política”, el neoliberalismo es sobre todo la modificación del régimen de acumulación global, es la fase actual del capitalismo, que ha persistido incluso durante el ciclo de gobiernos progresistas, así como también está presente “por abajo”, en la pragmática vitalista de los sectores populares”

Mariano Pacheco, Reactualización doctrinaria frente al Orden Mundial Neoliberal

Por Tomás Astelarra Ilustración: @nico_mezca

Las heladas caen machazas, nevó ya varias veces en la montaña y una en el valle. Salvo cuando el sol (tata inti) bendice la vida haciéndola renacer de mil maneras, el más mínimo viento cala los huesos y salir de la casa o la cama (también entrar) es un apabullante esfuerzo. Les jipis salen desesperades a cosechar leña y tapar huecos del rancho con telas o plásticos. Buscan pareja pa cucharear un ratito o algún techito donde pegar una ducha caliente y amiga. Se acuerdan de comprar guantes, bufandas, un buen abrigo, malla antihelada, bolsas de agua, alguna pantallita de gas, arden los grupos de intercambio de garrafas, quematutis y salamandras, y hasta la leña pasa a ser negocio y consumo (la hay de criminal desmonte de originarias o sana juntada de renoval o tala de “exóticas”). El problema es que, salvo excepciones (como la bendita costumbre del trueque o las nuevas monedas alternativas), pa todo eso hace falta dinero. Y el dichoso billetito parece (al igual que muches jipis) haberse ido de viaje a lugares con mejor resguardo frente al crudo invierno. Eso sin importar las restricciones sanitarias y de movilidad o el quilombo social y la crudeza económica que también se ha adueñado del ámbito urbano en tiempo en que el capitalismo de muerte se extiende como un cáncer sin que atinemos a reaccionar, tanto para la protesta como la propuesta. En los dos sentidos parece que todos nuestros esfuerzos se quedan cortos frente al avasallante ritmo de los dizque dueños del planeta que, como ganadores de un juego de TEG, comen cada vez más fichitas y territorios, recursos, con sus ejércitos militares, paramilitares, mediáticos, judiciales y de sentido común. Ser cómplice parece ser la única opción, mientras más nos alejamos del monstruo, más cerca estamos.

Son pocos los que tras años de esfuerzo pueden autosustentarse sin el puto dinero. Y la gran matoría tiene una herencia, un muerto, un fuente de recursos indigna o no legítima, en el placard, o estante, o cajón de verduras. El dinero en el valle se ha fugado una vez más con los turistas o a los paraísos fiscales. Quizás a algún hueco seguro y tapiado donde es acumulado por los sangrantes dueños de este presente globalizado (que cada vez son menos, desafiando las leyes gravitacionales del bendito “derrame” neoliberal). “Ojala especularan solo con el dinero, pero es que ya especulan con el alimento, la salud, el agua, la energía del sol, la vida misma de les niñes. Como decía el warpe Tejada Gómez: hay niños que no llegan a ver el hombre”, me comenta el viejo Astor mientras caminamos rumbo a la municipalidad a pegar no se que subsidio cultural de diez lucas.

“Yo al principio me indignaba con la limosna. Cuando iba a retacar con mis manilleros de pulseritas de macramé y no me compraban pero me daban unos pesos de caridad. O cuando tocaba en los colectivos y me daba cuenta que no le interesaban las canciones de Violeta o Víctor Jara pero igual volcaban una monedita en la gorra por la dizque caridad. Después me di cuenta que era cierto que yo era, según sus perspectiva, un pobre muerto de hambre. Y que discutir la dignidad de mi trabajo era más engorroso que agarrar esas limosnas y agrandar un poco el puchero. Hasta empecé a tocar canciones evangelistas en los colectivos y almorzaderos porque me di cuenta que me rendía mejores frutos. Dejé las canciones combativas pa aquelles que le interesaba o quizá un bis después de haber juntado la gorra. Hay batallas que hay que elegir donde y cuando lucharlas. Y en estas épocas hay muchas batallas y pocos lugares aptos pa lucharlas”, continúa el viejo Astor mientras entramos al patio de la Muni. Allí encontramos una banda de jipis encapuchades, jóvenes del pueblo y familias campesinas. Todes en busca de alguna limosna. Preguntando con cierta resignación y hasta vergüenza cual es la cola pal subsidio este de cultura, o el préstamo pa refacciones de casas-rancho o la tarjeta de no se que plan de esos que tanto bardean el empresariado multinacional y sus diversos voceros. Siempre bajo la falacia de que elles no viven del estado y sus defraudaciones (desde la campaña del desierto y la nacionalización de deuda del mingo a la fuga de capitales del gato). Si algún día nos decidimos a hacer la revolución zapatista nos vamos a poder reconocer por los ojos. Todes cargan con ponchos, bufandas, pañuelos sirios, gorros diversos, algún barbijo, algunes intentando no ser reconocides en la contradicción de sus discursos anarcoautonomistas en la cola de una migaja del estado. “Io he presenciado que salvo los indios, es muy difícil tejer formas comunitarias y autogestivas de afrontar este descalabro. Los gringos, que no tenemos educación en estas formas y la vincularidad con la Madre Tierra, en la austeridad y los yugos del clima y la intemperie social, no terminamos de adaptarnos a ese esfuerzo sobrehumano y por lo general, salvo honrosas excepciones, caemos en todas formas de autoritarismo o individualidad encubierta, en esquemas que tarde o temprano derrumban esa capacidad autogestiva o autónoma y nos invitan a resignarnos. O negociar como decía Mendieta. Elegir que batallas luchar y cuales no. Las clases populares tienen más experiencia en estas decisiones, el hambre o el frío anulan los devanes intelectuales, los gringosjipis clasemedieros quizá tardemos una vida en entenderlo. Eso sin contar los esfuerzos por “deconstruirnos”, esta novedad que traen las cumpas trayendo al presente el dichoso patriarcado, un invento que, ponele, dio su batacazo final en la quema de brujas y la conquista hace mil quinientos años. ¿Queré ir más atrás al nacimiento de la agricultura y la religión, o más acá en la revolución industrial? ¿Cómo vamos a deconstruir este alejamiento de la Madre, Tierra, en apenas una generación?”, sigue reflexionando el Astor ya rodeado de un pequeño grupo de oyentes que celebran su locuacidad en medio de la espera burocrática.

Aprovechamos el sol de invierno en el patiecito, algunes desprendiéndose de bufandas y pañuelos, barbijos que se relajan, un distanciamiento social que es evidentemente antihumano, y por ende, tarde o temprano consigue consenso social en pequeñas estructuras comunitarias que en su inconsciente no buscan otra cosa que afrontar estos tiempos unides, ojala mínimanente organizades.

El Chicho Serna cita a Gramsci: “Instrúyanse, porque necesitaremos toda nuestra
inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitaremos toda nuestra fuerza”. Ojala sepamos rezar correctamente por la salud de nuestras experiencias comunitarias y deseos de volver a esa dupla de austeridad y abundancia que brindan los recuerdos de nuestras pueblas originarias manteniendo la conexión con su venerada Pachamama. “Pero hasta las mamitas bolivianas han caído en la trampa esta del estado y la acumulación, años de austera resistencia y esencia que se relajan después de los primeros frutos de una lucha milenaria. ¿Qué les podemos decir si nosotres apenas llevamos un par de décadas en ese esfuerzo. La lógica de este sistema avanza sobre un pensamiento hegemónico que nos rodea cual hidra capitalista y si no nos pega el estado nos pegan las empresas, la economía global, y hasta nuestras propias vecinas que ante la crisis relajan en la comodidad y los engañosos precios de una industria bien plantada, un bienestar social pordiosero, y una planificación gubernamental que en el mejor de los casos apenas alcanza a enunciar buenas intenciones sin poder llevarlas a cabo”, opina al señorita Mayonesa.
Presos de los celulares, que cómo dice Juancito Grabois, no se conectan en los algarrobos, intentamos anotarnos en no se que aplicación necesaria pa recibir subsidios. Luchando contra aparatos que tiemblan fichas de conexión en malabares para cargarlos eléctricamente, con memorias digitales atestadas que no nos dejan bajar la “app”, una y otra vez respondiendo datos numéricos en intensos combates contra la mala señal de internet, abriendo cuentas bancarias que no deseamos, brindándole información y miles de millones de migajas de migajas al sistema bancario criminal, la cruel industria monopólica del alimento o las nuevas formas de “telecomercio” que engordan las arcas de los pocos dueños del mundo. Les cumpas más relacionades con organizaciones sociales, además de la variopinta gama de subsidios individuales hablan de planes de agricultura familiar o género. Se queman las pestañas con numerosos requisitos, tiempos alocados, condiciones informáticas y burocáticas de una modernidad reducida, horas de reuniones, planificaciones, todo para un quizá que cuando llega ya se encuentra devaluado. Sin fiestas ni ferias, con una capacidad de consumo mermando (sobre todo en su plano consciente, justo, en transcición), escasos ahorros y nuevas tácticas creativas que ya se fueron agotando durante el año pasado (por sentar un corto plazo generoso), con el bendito dinero de viaje, en el cansancio de remar años intentando una economía alternativa, muchas experiencias que se decían autonomistas también han empezado a ver formas de “expropiar” algunos recursos del estado para capitalizar experiencias comunitarias autogestivas. Ayudades también por esos pequeños espacios de gestión (Pacheco dixit) que hemos logrado conquistar tras ¡treinta años de lucha! Ojala sea una período de excepción. Pero la excepción lleva muchos siglos y sabemos que no volverá la dizque “normalidad”, sino que se intensificará esta hegemónica costumbre capitalista que nos encierra en pequeños reductos o trincheras a la espera que alguna buena vez llegue algun calorcito para poder salir.

Algunes ya hablan de esperar la primavera para subir a la montaña antes que quieran vacunarnos a todes. Vivir del monte como sea en esa máxima sanmartiniana de ser libre aún en pelotas como nuestros hermanos los indios (esos mismos indios que hoy ya son dueños y señores de la industria textil esclavizada).

El Taita Gabi dice que no sabe como le aparecieron cincuenta lucas en la cuenta esa que abrió. Ya no sabe ni en que subsidio se anotó. Pero va a aprovechar para comprar botas pa la familia, un alambrado pal gallinero y si puede un generador eléctrico pa no tener que moldear maderas a mano. “Cinco horas de trámites por diez lucas siguen siendo buena paga”, hace cuentas Suipacha Kamacho. Ya alguien calentó el mate que endulza con una hidromiel. De abajo de un poncho pinta una caña. Alguien entra con cara mustia y sonríe ante la yunta de bueyes rebeldes amansados en el corral de la limosna estatal. “Feliz año”, saluda a pocos días del inti raymi.

Estas charlas o relatos transcurren en el Valle de Polonia, es decir, Ningunaparte. Son ficción. Ciencia Ficción Jipi. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.