Lawfare y criminalización del poder popular

La crisis de los gobiernos dizque populares o progresistas tiene que ver con una doble presión, desde arriba de los dueños del poder real y sus estructuras de dominación, y desde abajo por un poder popular que más allá de las protestas, tiene propuestas que estos gobiernos no terminan de entender o acompañar.

“Hablar de desigualdades es insuficiente hoy temenos que hablar de dueñidad. Hoy es un mundo adueñado por la gran concentración de riqueza, pero sobre todo por la extraordinadio velocidad de esa concentracion. La pregunta del millón es: ¿Cual es la relación entre un dueño del mundo y una mujer que quiere abortar?”

Rita Segato, entrevista con Reynaldo Sietecase para la Inmensa Minoría

“Y cómo hacer para que esta crisis evidente de las principales promesas que tenía la democracía no nos conduzcan a un orden más injusto aún, que la crisis de la democracia no nos lleve a un momento peor de desigualdad, autoritarismo o como querramos llamarle, sino que nos obligen (y este es nuestro deseo) a relanzar un proyecto emancipador. Porque creemos que no hay democracia real sin emancipación social”.

Revista Crisis, ¿Hoy nos volvemos a ilusionar?

Por Tomás Astelarra | Ilustración: Fuska.visual

Hace poco la lúcida y crítica intelectual Rita Segato describió la realidad política de Argentina y de América Latina diciendo que: “Todas las revoluciones fracasaron ahí. Tomamos el estado y desde ahi dirigimos la historia. El poder real siempre se mueve en la oscuridad. Si existe una característica del poder real es el secreto. Es imposible saber como el poder piensa, pacta, define sus objetivos y estrategias y también se asesora. Yo creo que la justicia tiene un doble estandar y se deslegitimiza por tener dos pesos y dos medidas. Es una exhibición de impunidad. Es un espectáculo de impunidad, un golpe de estado, ya que no estamos en un estado de derecho”.

Para usar metáforas futboleras que se agiornen a este momento: la cancha está torcida, el referí comprado y los relatores y comentaristas también. Pero la desigualdad se mueve en varios niveles y hace complejo el análisis en los diferentes niveles de la política.

La misma semana que con indignación veíamos la condena a Cristina Kirchner y el paseito pagado por Clarin a jueces y funcionaries en la lujosa y exclusiva mansión de Lago Escondido, hubo dos niveles de la política que pasaron desapercibidos u ocuparon un espacio menor en los medios de comunicación.

Por arriba, en el complejo mundo geopolítico y financiero internacional, se describió a Lewis como un simple gringo malvado que se apoderó de un lago. No como un pirata financiero que fue capaz de quebrar en los noventas, junto a George Soros, la libra esterlina (imagínense lo que puede hacer con el peso argentino) y que además es dueño de importantes inversiones en todo el planeta, y en particular en el país (donde es uno de los dueños de Pampa Energía, entre otras empresas privadas que manejan los recursos naturales, la soberanía energética del país).

Por abajo, esa misma semana, los movimientos de la economía popular protestaban masivamente por la criminalización, judicialización y bardearización, no solo de la protesta, sino de la propuesta social. A través de un pedido de dos ministres de un gobierno dizque popular a una justicia corrupta (de la que elles mismes desconfían), un juez accedió al levantamiento del secreto fiscal de un millón y pico de poetizas populares y trabajadores de la economía popular para chequear si habían comprado una migaja de dólares. Acto que, luego se confirmó, no era incompatible con el beneficio de un Salario Social Complementario (hoy Potenciar Trabajo).

En tiempos de recursos escasos producto del recorte fiscal impulsado por el FMI (y que fue la excusa de la ministra Tolosa Paz para otorgar pal brindis de estas fiestas un miserable aguinaldo de 6.500 pesos a las trabajadoras de la economía popular): ¿Cómo se mide en términos de eficiencia del estado la aplicación de los recursos asignados a buscar entre un millón de beneficiaries del Potenciar Trabajo la compra de una centena de dólares (insisto, acción que se demostró legal) en vez de aplicar esos mismos recursos a la búsqueda de la fuga de miles de millones de dólares entre una centena o decena de grandes empresas o empresarios? La discusión no es ética, ni siquiera política o ideológica, e incluso puede delinearse dentro de los valores del actual sistema hegemónico capitalista (que pretende ser ciencia exacta, matemática, estadística).

¿Por qué es más fácil meterse con los pobres?, se preguntaba en el 2001 Néstor Kirchner (en ese entonces gobernador de Santa Cruz), en una entrevista en TN, contrariando la decision de un recorte de jubilaciones defendido por Patricia Bulrich (en ese entonces ministra de Trabajo). Hay que hacerse amigo del juez, pregonaba el Martín Fierro. La impotencia gubernamental del Frente de Todes, al igual que la de Castillo en Perú o quizás la de Lula en Brasil, mucho tiene que ver con la posibilidad de las represalias o lawfare, el marche preso. Desde esa cúpula de prisiones de privilegio la injusticia social se derrama a miles de dirigentes feministas, sociales o ambientales presas en amplios territorios, periodistes perseguides, millones de mujeres asesinadas o una masividad de pibes de gorra encerrados sin juicio previo, o directamente acribillados en las calles. Cada revolución popular acarrea muertos, que tienen nombre. El pronto aniversario de un 19 y 20 de diciembre de 2001 así lo demuestra.

Poder popular, institucional y capitalista

¿Cuanto valen los muertos de las recientes revueltas en Chile o Colombia si luego los gobiernos que surgen de esa masiva puesta de puntos al poder económico, en vez de ejercer esa sesión de poder popular simplemente bajan el pie del acelerador de las reformas neoliberales pero dejan intacto el tablero de este criminal saqueo (administran el pasado dice García Linera)? ¿Cuánto tiempo se puede sostener a la gente en la calle o en las urnas sin opciones reales en la política institucional?

La alianza entre sectores progresistas, bien pensantes, de buen vivir capitalista, con sectores populares dispuestos a poner el cuerpo (no solo en la protesta, sino también en la propuesta), parece delinearse en el secreto acuerdo entre Cristina, La Cámpora y el Movimiento Evita (que ha coincidido con una inesperada vocación del dirigente social Juan Grabois a ser presidente). Cuando se tejen las encuestas como probabildad de resultado electoral, más allá de ignorar sus históricos fracasos a la hora de predecir resultados, también se ignora los fuertes índices de abstención en las pasadas elecciones (el mayor de la historia de la democracia en 2021 y el segundo en 2019). Son esos índices de abstención los que, por ejemplo, explican el triunfo de Petro y Francia Marquez en Colombia. Como así también la figura de Francia Márquez como garante de la participación de los movimientos populares en el gobierno. Igual que lo hace David Choquehuanza en Bolivia. Se sabe, los abstencionistas son rebeldes, y la rebeldía, más allá de los estelares discursos de los liberales en redes y el tan mentado libro de Pablo Steffanoni, es de izquierda.

“Nosotros participamos de una historia política donde optamos por la vida institucional, porque entendemos que la política es la herramienta de transformación y sin autonomía, sin poder de decision, con esas corporaciones acechando, generalmente se hace complicado cumplir con ese sueño que es poder tener una sociedad que funcione mejor, de manera armónica, equilibrada y con niveles de bienestar general desde una comunidad organizada”, aclaró hace poco el también posible candidato a presidente Wado de Pedro en una charla organizada por la revista Crisis en el Centro Cultural Nestor Kirchner.  

“Si yo no puedo darme cuenta de que de lo otro, de lo que detesto tengo algo yo, bueno entro en una especie de infantilización… que es el mayor reproche que le hago yo a la política. Me aburro muchísimo, porque el nivel de simplificación de los problemas en todos lados es espantoso. Es una política que se basa en obtener el voto a partir de la estigmatización del otro. Bueno, sí… es tan fácil. Creo que esto es lo que se está agotando. ¿Y cómo noto que esto se está agotando? Por la abstención y por la aparición muy atractiva para mucha gente de discursos que empiezan por criticar al estado, siguen por criticar a la política y terminan por criticar a la democracia. Eso produce crisis en cada grupo, sobre todo por los que se sienten afectados por los votos que se van, esto deriva en fragmentación y terminamos en Perú, donde hoy hubo un golpe de estado. ¿Por qué? Porque el señor Pedro Castillo no puede gobernar porque llegó con el 11% de los votos. Yo les puedo leer la lista de países de América latina y contarles qué porcentaje de votos en el parlamento tiene cada gobierno, y hay gobiernos que tienen trece votos sobre cien… bueno el caso de Lula, que va a tener 80 votos sobre 513 en la Cámara de Diputados. Es decir, el problema del modelo político y económico que vemos agotado, el descontento, genera una fragmentación que termina derivando en la ingobernabilidad. Y yo creo que de la ingobernabilidad, un paso más allá estamos en el autoritarismo”, opina a su lado el periodista Carlos Pagni.

“En el caso de América Latina y muy especialmente en nuestro país, el retrato de la ley es absolutamente distante de la vida de las personas. Yo diría que si salimos de la órbita de la Capital, Córdoba y los grupos de clase media, la sociedad no recurre a la ley para resolver sus conflictos. No hay fe jurídica. Entonces yo no creo que se pueda tener fe en una política que ignore la distancia que existe entre el Estado, la legislación, el mundo del derecho y la vida de las personas. Cuando tenemos períodos de gobiernos progresistas, con buenas leyes, o una mejor distribución de recursos -aún con defectos, por ejemplo la falta de protección a las economías locales, al arraigo-, la gente ve a esos estados como algo remoto. Hubo períodos benignos en que esa comunidad que yo describo como “puerta semiabierta”, entreabre la puerta y pasan recursos, pasan derechos, la gente saca la mano los toma y cierra la puerta lo más rápido posible. Como antropóloga lo he visto en campo muchísimas veces. O sea, está la historia de la gente, la historia de las comunidades, la historia de los pueblos y por otro lado está la historia nacional, no son la misma historia. Ignorar eso nos lleva a errores como, por ejemplo, la ausencia de la política en el día de hoy”, advierte Rita Segato. “Estamos marcados por un método político abominable que es el centralismo estúpidamente llamado democrático que es un verticalismo por el cual una persona piensa y el resto obedece”, agregará un par de días después en el programa de Sietecase en una semana signada por el hackeo telefónico de los huemules, la condena en primero instancia y posterior renunciamiento a ser candidata de Cristina Kirchner, las densas movilizaciones sociales por la ingnorante inoperancia de la nueva ministra Tolosa Paz y el triunfo de la selección en Qatar.  

Diferentes niveles de análisis

En tiempos de pachakuti los cruces de mundos abundan, una selección que reivindica el trabajo colectivo y el papel de los jóvenes en un mundial signado por la participación de las mujeres en un país plagado de violaciones a los derechos humanos (sobre todo sobre mujeres), empresarios o periodistas (como Pagni) que incluyen a la economía popular (y ecofeminista) en su análisis de mundo frente a una ministra progresista que se empeña en denostarla (Wado prefirió ignorar el tema en su exposición) y una masiva movilización popular en torno a un triunfo ajeno de una pasión indiscutible en paquetitos para nada agroecológicos y en medio de unas de las mayores crisis institucionales que halla visto el país desde su regreso a la democracia.

Solo es cuestión de que muchos sectores sociales vinculados a ideas lejos de la política institucional entiendan que un gobierno dentro de un estado de estructura neoliberal cada vez más condicionada por el poder real y sus mañas ocultas (en un neo golpe de estado, dice Rita Segato) no es la solución, pero si ciertamente parte del problema. Que un gobierno no gobierna, pero puede torcer el brazo y dar herramientas institucionales en el marco de un apoyo popular.

Algo así demuestran las revuletas populares de principio de siglo en toda América Latina, las de Chile y Colombia, o Bolivia (logrando algo que el MAS no podia hacer, destituir a Añez), la anulación del 2×1, la reforma previsional (límites a un gobierno de derecha en Argentina) o la marcha por el TIPNIS o el gasolinazo (límites a un gobierno de dizque izquierda en Bolivia).

Incluso es poco estudiado el papel de la economía popular boliviana (que no necesariamente fue aliada del MAS) dentro del milagro económico del vecino país. Milagro económico que con un gobierno estable en el poder (y no solo un Banco Central como ahora se dice de Perú) logró no solo estabilidad de precios (como tanto se alaga en lo grande medios de Perú), sino también revertir la dolarización de la economía y una estadística y situación fundamental para cualquier pueblo: la distribución del ingreso (el verdadero progreso colectivo).

El tema es que aquelles de arriba que dicen estar ahí por los de abajo, realmente escuchen y entiendan, que los de abajo, son los que tienen que gobernar (más allá de los pruritos de ciertos intelectuales que los creen ignorantes). Así como aquelles de arriba que no dicen estar ahí por los de arriba (ese 1% de la población que nos lleva egoístamente al colapso planetario) tiene perfectamente claro que los que gobiernan, son los dueños de las empresas, la justicia, los medios y medio Congreso de la Nación (amen de algún funcionario chupamedias).

Los movimientos populares de Argentina, además de capacidad de movilización y creación de respuestas territoriales, estos ultimo años han demostrado poder hacer en su aporte de eficientes funcionaries y legisladores surjidos de las entrañas de las clases populares (Fernanda Miño, Natalia Zaracho, Federico Fagioli, María Castillo, Jacquelin Flores, Víctor Alderete, entre otres).

En tiempos de pachakuti ¿será entonces posible unir privilegiades economiques con consciencia social y planetaria con intelectuales progresistas con humildad y verdadera vocación popular en pos de aquellas que verdaderamente han forjado la vida, el mundo, la comunidad, la resilencia y creatividad imprescindible para la construcción de otro mundo posible, es decir, las poetizas populares? Hecha la ley, hecha la trampa.