CUENTOS

La joven que se creía San Martín

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Por Lea Ross

El tren estaba lo suficientemente espacioso como para que Francis Jeanson mantuviera un incómodo diálogo con Ámbar, al quien acababa de conocer. “Hoy la cultura está separada de la acción. Por lo menos es lo que pienso”, le comentaba a la joven veinteañera. Ella le replicó estar de acuerdo, a lo que él le pregunta: “¿Y cómo lo cambiarás?”.
-Con una bomba.
-¿Con un bomba? ¿Vos y cuántos más?
-Dos o tres más.
-¿Pensás en matar personas?
-Pues sí. Vos defendiste a los de Argelia, ¿no?
-Sí, pero había todo un pueblo detrás que quería la independencia. ¿Cuántos de tu pueblo lo quieren, aparte de los dos o tres que me mencionás?
-Nosotros lo pensamos por ellos.
-¿Pensás hacer la revolución por ellos?
-Si quiero conocer la revolución, tengo que participar en ella.
-Pero no la podes inventar.
-Para adquirir conocimientos tengo que hacer la práctica.
-Pero la práctica revolucionaria requiere un conocimiento de la situación.
-Yo la conozco. La economía está mal.
-¿Pero esa experiencia te da el contenido para hacer la acción?
-Usted no sufre la economía. Yo sí.
-Está bien, yo no la sufro… Pero, ¿de qué te sirve ir a matar gente si no sabés qué vas a hacer después?
-Lo que pase después no es asunto mío. Lo estudiaré.
-Ámbar… ¿dónde lo vas a estudiar? Te van a atrapar en menos de una semana.
-A vos también te perseguía la policía.
-Pero yo tenía mucha espalda. Aún quienes no estaban de acuerdo conmigo, no me denunciaron. En cambio a vos, nadie va a apoyarte en cometer un crimen como ese.
-¿Y qué me decís de los rusos? Tiraban bombas e hicieron la revolución rusa.
-¿Vos me estás comparando la Rusia zarista con la situación actual de tu país?
-No, pero podemos tomar como lección.
-Pero es una lección en abstracto.
-¿Pensás que es un error entonces?
-Sí, lo pienso así.
Ámbar agarró sus algodones de azúcar y se bajó en la próxima estación. Allí, le envía un WhatsApp al amor de su vida, comentándole se sentía como San Martín. Mientras Francis se preguntaba por qué no se encontró con Godard para filmar una escena de su próxima película La Chinoise. Recién se dio cuenta que se había equivocado de tren.