Gente (agro)tóxica

Quienes organizaron los tractorazos contra las retenciones en Córdoba son los mismos que se “encadenaron” a favor de las fumigaciones con agroquímicos.

Por Lea Ross | Ilustración: @nico_mezca

El prefijo “agro” abarca un territorio tan amplio y, a la vez, heterogéneo; incluso tanto como la que pueden ofrecer las ciudades. Lo “tóxico” puede tener distintos sentidos; desde el efecto a la salubridad que acarrean la aplicación de ciertos agroquímicos, como también ciertas pautas políticas y comunicaciones.

Tractorcitos y cadenitas

El martes pasado, a eso de las ocho y media de la mañana, distintos tractores comenzaron a ponerse en marcha desde el cruce de Altos Fierro con la Ruta Nacional 36, para alcanzar y recorrer la avenida Circunvalación de la ciudad capital, para luego retornar al mismo paso vial. Esa fue la primera manifestación realizada en la provincia de Córdoba contra la suba de dos puntos de retenciones sojeras a la harina y el aceite, del cual también se sumó el biodisel. Lo llamativo del caso es que no fue convocado por ninguna entidad gremial legítima, ya que los mismos estaban todavía teniendo reuniones para definir medidas concretas más en cohesión, además de la espera de reunirse con funcionarios del Congreso para recurrir como estrategia la manifestación de inconstitucional de aquel decreto por no haber sido debatido en ese recinto.

En realidad, el “tractorazo” mantenía una postura por fuera de la lectura legal y fue organizada por un grupo denominado “Productores Autonconvocados Altos Fierro”, que congrega a quienes trabajan en actividades rurales en las zonas de Alta Gracia, Falda del Carmén, Alto el Durazno, La Quintana, entre otros. Es decir, en el Valle de Paravachasca.

Y quienes se encargaron de operativizar la manifestación fueron los hermanos Dalmasso. Estos mismos son los que convocaron, a su vez, a las mismas personas a manifestarse en el año 2018 contra una resolución comunal en Dique Chico, ubicado en el mismo valle, para restringir la aplicación de agroquímicos. Se trata de uno de los pueblos fumigados con mayor exposición de lucha reciente sobre ésta problemática.

Resguardo de nada

En el año 2017, el jefe comunal de Dique Chico decidió publicar una resolución para establecer una zona de resguardo ambiental para su pueblo. Se trató de poner un límite de mil metros para restringir el uso de agroquímicos. Eso desencadenó, al año siguiente, la aparición de tres personas encadenadas frente a la entrada de la comuna, dedicadas a la producción sojera, para manifestarse en contra de esa medida. También, hubo participación de otros productores, donde trajeron sus pancartas y también parte de las crías y las cosechas como para “mostrar” lo que producen sus campos. Se tratarían de las mismas personas que hicieron mover sus tractores en la ruta recientemente contra las retenciones.

La noticia de Dique Chico tuvo repercusión gracias a la transmisión en vivo, vía teléfono celular y por redes sociales, por parte del conductor radial Gustavo Mathieu, a cargo del programa rural de Radio Mitre de Córdoba. Alejandro Dalmasso, uno de los hermanos que está detrás de esta organización, se encargó de llevar al periodista desde su vehículo y guiarlo en el interior de la manifestación. Mathieu también está a cargo de la comunicación institucional de la Universidad Nacional de Córdoba, por pedido del ex decano de Agronomía, y frustrado rector, Marcelo Conrero, quien trató de ayudar a Monsanto a instalarse en Malvinas Argentinas, hasta que fue repelido por una rebelión estudiantil.

Alejandro Dalmasso, guiando al periodista de Radio Mitre, para presentar a sus hermanos encadenados.

Cuando se difundieron esas imágenes de las cadenas puestas, la autoridad comunal de Dique Chico se enojó tanto que declaró que esos productores ni siquiera vivían en el pueblo. Los Dalmasso reconocen que los campos que tienen son de 50 hectáreas recibidas por herencia.

La situación llevó a una disputa legal, todavía vigente, sobre la flamante normativa, impulsada por los Dalmasso. A mediados del año pasado, el Tribunal Superior de Justicia suspendió la resolución comunal, pero a la vez restringió la limitación de no fumigar hasta una distancia de 500 metros de la escuela rural y del jardín de infantes, y que también les prohíbe que lo hagan durante el horario escolar y que tienen que hacerlo con avisos previos a las directoras de los colegios.

Según señala el abogado Darío Ávila, a La Luna con Gatillo, a eso último los Dalmasso “lo impugnaron a través de un recurso de casación, pidiendo claramente que les permitan seguir fumigando de la manera que venían haciendo con anterioridad. Es decir, sin ningún límite ni restricción, tanto de la planta urbana, como de los colegios. Hasta tanto el Tribunal Superior de Justicia no se expida sobre ese recurso, la causa está virtualmente paralizada”.

Foto de archivo de 2018. Gentileza: Vecinxs Autoconvocadxs de Dique Chico

En ese mismo contexto, la comunidad recibió los resultados de unas muestras realizadas niños y niñas del pueblo, donde no solo se le detectaron rastros de glifosato y su residuo metabólico (conocido por sus siglas como AMBA), sino que además presentaban daños genéticos por arriba de los estándares habituales. Se trataron de veinte muestras, tomadas de menores de entre 5 y 13 años de edad, recogidas en el año 2020, por un equipo encabezado por la doctora Delia Aiassa, de la Universidad Nacional de Río Cuarto, establecimiento que convive con campos de alta productividad. Los resultados habían ratificado otro estudio similar en 2018, el mismo año que surgiría la protesta “en cadena” de los productores.

En el ahora, según informan vecinas de la zona al presente cronista, todavía es común que en los campos de los Dalmasso que aparezcan las máquinas mosquitos, donde rocían los químicos, trabajando de noche, y con las luces apagadas, para llevar a cabo sus pulveraciones, sobretodo en el saliente período estival.

“Pero más allá de los nombres, en realidad tienen que ver con una política, una práctica y una mirada sobre lo que pasa en el territorio de quienes hoy encabezan las banderas contra las retenciones”, señala Diana Hernández, una de las vecinas que se ha manifestado contra las pulverizaciones.

Articulaciones

La convocatoria de los productores del martes pasado incluyó un polémico video en las redes sociales donde hasta colegas que se dedican a cubrir eventos del agrobusiness, lo consideraron como “extremista”:

Desde lo propositivo, podemos contemplar que:

  • “retenciones cero”, como lema máximo, marcando la cancha de que no buscan estar en contra del decreto de Alberto Fernández que elevó el derecho de exportación a los subproductos de la soja, sino de que se eliminen todas las retenciones;
  • “un solo tipo de cambio”, que sería llevar la cotización del dólar oficial al del blue, es decir, duplicar su valor, a costa que el peso argentino pierda su poder adquisitivo a la mitad;
  • “en contra del comunismos (sic) del siglo XXI”, que pareciera ser que las manifestaciones beligerantes “guerrafriístas” se acrecentaron a partir de los repudios a Rusia por su invasión a Ucrania;
  • “apertura total de las exportaciones de carne”, que si le sumamos la propuesta anterior de devaluar la moneda, los asado del domingo se tornaría más complicado de concretar.

En cuanto al diagnóstico, el video dice que “tenemos un estado gigantesco, caro y a todas luces inútil”. Eso es una verdad a medias. La presión tributaria y su cualidad regresiva ha sido siempre una deuda pendiente de las distintas gestiones. Ahora, el Estado como tal mantiene su estatus de “bobo” al hacer la vista gorda sobre el control de las exportaciones, donde las empresas, principalmente trasnacionales, declaran lo que exportan mediante una declaración jurada por el Padre Nuestro que estás en los cielos.

La conclusión del video es que “los que malgastan son ustedes. Los que se van ajustar son ustedes. Por las buenas o por las malas (subrayado esto último). Menos roscas, más ciudadanos”. Aquí se contempla un endurecimiento que se aproxima a cierta violencia verbal que ejerce el sector de los libertongos, con Javier Milei a la cabeza, en diálogo con otra beligerante como es Pato Bullrich, con expectativas entre ambos de lograr una coalición para el año 2023, aunque teniendo en el medio al sector de las palomas, encabezada por Horacio Rodríguez Larreta, que lo impide.

Finalmente, el video cuenta con la firma de “Campo + Ciudad”, una agrupación que emergió a partir de las marchas a favor de la reelección de Mauricio Macri, bajo el lema “Sí se puede”, pero que al final no se pudo. Su impulsor inicial fue Sebastián Quiroga, vicepresidente del partido político de Elisa Carrió en el departamento cordobés de San Javier. Dicho sea de paso, Quiroga es especialista en telecomunicaciones, pero no ejerce actividad agropecuaria alguna, aunque aquí coincide con los Dalmasso en el rol de las estrategias comunicacionales. Ahora bien, Quiroga parece estar distanciado de Carrió, porque ella jugó un papel clave, junto con Gerardo Morales, en la cosecha de votos en Diputados para la aprobación del nuevo acuerdo con el FMI. La lectura que tiene “Campo + Ciudad” es que eso va a implicar más impuestos para pagar esa nueva deuda.

“No solamente ahora, sino que también justo antes del estallido de la pandemia, también había habido una serie de tractorazos por el tema de retenciones y estuvieron activamente participando”, le recuerdan al cronista las vecinas de Dique Chico.

Pasarlos por arriba

Al igual que Quiroga y los Dalmasso, y más allá de las posturas “extremistas” o “dialoguistas”, el manejo comunicacional de parte de algunos sectores del agronegocio viene siendo más calibrado de lo habitual. Esto quedó expuesto a finales del año pasado, en las redes sociales, cuando una seguidilla de referentes en las redes sociales salieron a responder la campaña “Basta de venenos”, impulsada por distintas figuras de la cultura nacional a expresarse en contra del uso de los agroquímicos.

El resultado fue efectivo, al marcar la tendencia del hashtag #BastadeMiedos, aunque a veces la cosa se puede trastrabillar un poco. Eso ocurrió durante un intercambio jocoso entre dos importantes periodistas de La Voz del Interior: el editor de Política Federico Giammaría y el columnista de Negocios y de la sección agropecuaria Favio Ré, donde el segundo anhelaba “fumigar en serio” a quienes aparecían en aquellas campañas audiovisuales, incluyendo a Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

Dichas palabras fueron repudiadas desde las mismas redes, incluyendo un comunicado que alcanzó la firma de más de 1.000 organizaciones sociales, al que lo consideraron como un caso de apología del delito. Ante la inesperada reacción en las redes, Giammaría se puso nervioso y trató de comunicarse con esas organizaciones. Mientras que Ré, decidió borrar su mensaje y pidió perdón públicamente por lo ocurrido.

Otro modelo productivo

Adriana Cabo fue la primera mujer en presidir una filial de la Federación Agraria, la de Río Tercero. Estuvo presente en el tractorazo organizado por los muchachos de Altos Fierro. Con sus lentes oscuros, respondió ante las cámaras de Canal 10, a la vera de la ruta: “Nosotros estamos reclamando por otro modelo productivo. Ya no reclamamos por los dos puntos de las retenciones. Reclamamos por otro modelo, porque esto ya nos impide seguir siendo productores. Pero no solo este gobierno nos tiene acostumbrados a que no podamos producir. Todas las pymes del país con una carga impositiva de entre el 62 y el 68% le es inviable seguir produciendo, apostando a crecer y poder ampliarse. Entonces, nosotros ya no les reclamamos por las retenciones. Reclamamos por otro modelo económico”.

La definición de “otro modelo productivo” es un significante que dispara distintos sentidos. De hecho, la mayoría del sector organizado contra el modelo productivo están localizados en territorios cercanos a las principales manchas urbanas, y no tanto en el interior del núcleo de la pampa húmeda, donde habitan los grandes terratenientes y los cultivos de altos rindes. Esto desencadena que a la hora de enfrentar una máquina mosquito o denunciar una fumigación aérea, la cara visible del responsable es un productor de escala menor, en una realidad distinta a las comodidades que administran los pools de siembra para tierras con altos rindes.

Desde Paravachasca nuevamente, Lucrecia Boglietti es otra de las vecinas de Dique Chico que ha expuesto su preocupación ante la dispersión de los agroquímicos. Consultada sobre la coyuntura opinó: “Sinceramente, no creo que la discusión de las retenciones sea de gran ayuda para que haya un cambio en el modelo de producción, que es en el fondo la meta de todas estas luchas. Eso lo pienso, porque se sigue tratando al campo como un negocio: para los sojeros, es un negocio; para el gobierno, es un generador de divisas. Que el campo es un negocio lo ves, porque solo se comportan como ‘colectivo’ cuando les tocan el bolsillo. Jamás vas a verlos protestando por alguna injusticia que los exceda”. Allí Lucrecia recalca que le genera cierta cosa utilizar la palabra “colectivo” por parte de quienes se dedican a esa actividad.

“Obvio que estoy de acuerdo con que al menos se distribuya algo de todo lo que están explotando. Pero me parece que el tema de las retenciones no va a generar jamás un cambio en el modelo extractivista, sino que lo viene a ‘legalizar’ un poco más.
No creo que exista la intensión desde los gobiernos de que haya un cambio profundo en ese sentido. El cambio profundo sería empezar a ver al ‘campo’ como productor de alimentos, a que produzcan alimentos, llevarlos a eso, que los que ahora desgastan la tierra con el único fin de generar plata o den un paso al costado o recuperen esa cuestión que seguramente tuvieron sus generaciones anteriores de ver al campo como una forma de vida. Es muy utópico, pero creo que mientras se sigue exprimiendo la tierra y todos saquen platita de ahí no va a existir ese cambio”.