LITERATURA Y FILOSOFÍA

Filosofía militante y vida verdadera

Comparte!

La verdadera vida (un mensaje a los jóvenes), de Alain Badiou, esta semana en la sección Libros y Alpargatas de La luna con gatillo.

Por Mariano Pacheco

A Raúl Cerdeiras

En una cuidadísima edición de tapa dura, editorial Interzona publicó 2017 este breve texto del filósofo francés Alain Badiou que ya ha superado los 90 años. La verdadera vida (un mensaje a los jóvenes), vuelve a definir la tarea de la filosofía como una actividad para “corromper” a la juventud, a quien convoca a romper con la “falsa vida”, para poder así adentrarse en la aventura de conquistar la vida verdadera, en alianza con los más viejos, hoy descartados por una sociedad que no hace más que trazar continuamente una línea de “culto a la juventud”.

La vida verdadera: ¿está ausente?

“¿Qué es una verdadera vida?”.Tal es, para Badiou, el único tema y la única pregunta de la filosofía. Y por eso define la misión del filósofo como la de “corromper a la juventud”, ya que lejos del poder, el dinero y los placeres, esta corrupción sólo tiene por objeto mostrar a la juventud que hay algo superior a todo eso y que, por tal motivo, vale la pena ser experimentado. “Fundamentalmente, corromper a la juventud significa una sola cosa: tratar de hacer que la juventud no entre en los caminos trillados, que no sea simplemente consagrada a una obediencia a las costumbres de la ciudad, que pueda inventar algo, proponer otra orientación por lo que respecta a la verdadera vida”.

Partiendo de la afirmación del poeta francés Rimbaud, Badiou destaca que la filosofía muestra que la verdadera vida no siempre está presente pero tampoco –nunca– completamente ausente. La “vida falsa”, entonces, es la que reduce la existencia a la lisa y llana satisfacción de las pulsiones inmediatas. Allí es donde la verdadera vida encuentra a sus grandes pasiones enemigas: la pasión por la vida inmediata (la que presenta un porvenir oscuro o invisible, una vida desprovista de significado) y la pasión por el éxito (la que propone encontrar un buen lugar en el orden existente). “La vida se convierte entonces en la suma de las astucias para estar bien establecido”, remata el filósofo.

El actual culto a la juventud y su reverso

Badiou plantea que atravesamos un momento histórico en el que se ha invertido el antiguo culto a los ancianos, a quienes antiguamente se equiparaba con sabios. Y si bien en la práctica se concentra el poder en personas de mayor edad, la ideología de la época es juvenilista.  Los viejos quieren permanecer jóvenes más que los jóvenes volverse adultos, señala el autor de El ser y el acontecimiento, quien –para graficar lo que escribe– pone como ejemplo la tan repetida frase: “hay que estar en forma”. O sea: sostener una apariencia juvenil, sea haciendo gimnasia o realizándose cirugías estéticas.

A diferencia de épocas anteriores, entonces, ya no habría un momento de “iniciación” en la vida adulta (como antes lo era el servicio militar o el casamiento, y para el 90% de la población, el ingreso a la fábrica). Esta situación, por lo tanto, arroja a la juventud a una suerte de “adolescencia infinita” así como empuja a los adultos a una suerte de estado de “puerilización”, plenamente atado a una lógica de mercado. “El adulto se convierte en aquel que tiene un poco más de medios para comprar más juguetes de los que tiene el joven. La diferencia es más cuantitativa que cualitativa”, destaca Badiou.

En el reverso del culto juvenil, el miedo a la juventud, sobre todo a la juventud de los sectores populares, a quienes se les teme por su errancia y desorientación (no se sabe qué es, y sobre todo, qué puede). De allí que una amplia franja de la juventud de las grandes ciudades sea considerada un grave problema, como se ha podido ver incluso en la misma Francia con los negros en particular, y con los inmigrantes en general. “La cantidad de leyes represivas, de prácticas policiales, de pequeñas encuestas, de procedimientos expresamente destinados a tratar ese miedo a la juventud es un síntoma totalmente considerable”.

Filosofía militante

Badiou arriesga una hipótesis: la salida del mundo jerarquizado de la tradición no propuso una simbolización no jerárquica. Es entonces cuando aparece el dinero como referente universal, oficiando como propuesta vital seductora, que se presenta por doble vía. Por un lado, con la apología ilimitada del capitalismo y sus libertades vacías. Por el otro, con el deseo reactivo de un retorno a la simbolización tradicional (jerárquica). ¿Qué hacer frente a esto? El autor de Manifiesto por la filosofía propone tejer una alianza entre los más jóvenes y los más viejos, entre los más rebeldes de los menores de treinta y los más duros de los mayores de sesenta, contra los cuarentones y los cincuentones bien instalados. “La tarea del mundo que vendrá será encontrar lo que podría ser una libertad creadora, afirmativa”, sostiene Badiou, quien caracteriza el momento actual como el de una situación de crisis que sacude y destruye los últimos restos de la tradición, pero sin dejar ver la vertiente positiva de esa crisis (libertad bajo el modo de ausencia de ciertas prohibiciones). Esta libertad consumista que nos atraviesa no parecería fijar ninguna orientación hacia una idea nueva de la verdadera vida. Nuevamente: ¿qué hacer entonces? Badiou insiste en la necesidad de emprender la tarea de invención de una nueva simbolización igualitaria (la convicción de la “idea comunista”, según la define) que se plante contra la rutina de lo simbólico “en el agua helada del cálculo capitalista”.

De allí su interpelación directa a las y los jóvenes que lo lean, a quienes les dice que, si bien está aquello de lo que son capaces, también está aquello otro de lo que no saben todavía que son capaces, y es a eso a lo que define como “lo más importante”, a saber: lo que se descubre cuando se encuentra algo imprevisible. “Está lo que ustedes quieren construir; aquello de lo que son capaces, pero también los signos de aquello que los invita a partir, a ir más allá de lo que ustedes saben hacer, construir, instalar. El poder de la partida. Construir y partir. No hay contradicción entre ambos. Saber renunciar a lo que se construye porque algo distinto les hizo una señal en dirección a la vida verdadera”, argumenta este viejo combatiente de la filosofía, quien se niega a pasearse por el mundo como un veterano de guerra.