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El balotaje es un meme

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Una crónica-análisis de un día caluroso en la ciudad de Córdoba, el escenario donde Javier Milei hizo su cierre de campaña.

Por Lea Ross

Ciudad de Córdoba. Jueves 16 de noviembre.

Faltan siete horas para que Javier Milei haga su acto de cierre a cielo abierto en pleno centro capitalino. Los Pumas, la agrupación autóctona que banca a La Libertad Avanza, empieza a calentar el ambiente poniendo su mesa frente al Patio Olmos, aún siendo un caluroso mediodía. Bombos, votos, coros, todo sirve para mantener la espera.

“Yo soy de Salta”, me comenta uno de los militantes. También vinieron de Rosario y Catamarca. Algunos son optimistas. Otros sostienen que puede haber fraude: “Lo que pasa es que en el interior hay mucho clientelismo. Mucha corrupción”.

Una sostiene un cartel en la esquina proponiendo un bocinazo a favor de Milei. Se escuchan algunos chicharras al pasar. Todos son taxistas.

Un vendedor de pulseras trabaja callado en su mantel, mientras los pumitas lo tapan. Charlo con él para comprarle una de sus mercaderías. De repente me habla rápido, muy de corrido, sobre sus viajes y sobre el peronismo. Me dice que por ahora está logrando vender.

Su humilde servidor aprovecha una maqueta (¿escala real?) de Javier Milei para sacarme una foto. ¿Por qué no? Si la política se volvió un meme.

Chetoslovaquia

Más de la tercera parte del electorado nacional es bonaerense; aunque las dos terceras partes de sus habitantes votan en el conurbano. Pero la otra tercera parte, aunque un poquito menor, viven en Chetoslovaquia: ciudad de Buenos Aires y provincias de Córdoba, Santa Fe y Mendoza. Es decir: la franja centro donde se pintó de color amarillo por Juntos Por El Cambio en 2019.

“Uno ve el voto de Massa y la provincia de Buenos Aires le aporta un 43% de los votos que sacó. NEA, NOA y Patagonia son algo un poquito más del 33%. Y 18% es la zona central, o sea el peor lugar. Córdoba va a ser la verdadera madre de todas las batallas. Esa zona central es fuertemente antikirchnerista, y pasa un poquito por ahí la decisión. Es una apuesta muy fuerte que si le sale bien, Macri puede decir que tenía razón”, explicaba el politólogo Ignacio Labaqui, en una entrevista a Diego Genoud.

Entre agresiones y falta de cultura

Por la city cordobesa, hay muchas cola en los cajeros del Banco Nación como así también en la entrada del ANSES. Algún que otro que vende dólares permanece atento a lo que pueda llegar a pasar luego de los resultados.

Una agrupación pega carteles contra Milei, poniendo como eje la cuestión de Malvinas y la venta de órganos. “Nosotros hemos padecido agresiones por parte de esa gente”, me comentan a la hora de entregar folletos o volantes. Uno fue durante la conmemoración del intento de magnicidio a Cristina Fernández, en los alrededores de los tribunales. Otro fue en una plaza del barrio Alta Córdoba. Sobre ese segundo hecho: “Nos decían que qué hacíamos acá, que en este barrio no hay lugar para peronistas”. Lo curioso es que en ese mismo lugar se inauguró el bar Perón Perón, donde congrega a pejotistas como adherentes.

Me meto en el búnker de Unión por la Patria. Charlo con dos ex-candidatos a intendentes peronistas de pueblos serranos, pero de distintas generaciones. En uno, su comuna logró que Sergio Massa logre salir primero. “Pero aún así, Milei tuvo un mayor crecimiento en porcentaje”, me comenta. El otro contesta: “¿Sabés lo que pasa? Es que los jóvenes no tienen cultura. Milei es un invento. Y los jóvenes se la creen. Perón decía que primero estaba la patria, segundo el movimiento y después los hombres. Ahora son primero los hombres, luego los hombres y después los hombres”.

El planteo adultocéntrico de la política tradicional es un punto a tener presente sobre la juvenización del rechazo al mismo.

Oportunismos

El panorama del balotaje come toda discusión política. De ahí el carancheo adquiere rasgos legislativos. Así ocurrió el viernes pasado en la provincia de Río Negro, donde el Poder Legislativo aprobó un proyecto de ley para modificar su ley provincial de tierras. Distintas organizaciones patagónicas advierten que ese cambio normativo otorga facilidades para la inversión de cuestionados proyectos mineros e inmobiliarios, con los efectos ambientales que generarían más la tensión de agravar las problemáticas territoriales.

Córdoba, la tierra favorita de Macri y ahora amarrada por Milei, tampoco es ajeno a ese fenómeno institucional.

El miércoles, el día anterior al acto proselitista de los liberchongos, la Legislatura provincial aprobó a los ponchazos una batería de proyectos cuestionables. Una de ellas restringe el control del Tribunal de Cuentas, que justo será presidida por la oposición. También, en el Presupuesto 2024 aprobado en la misma sesión, se aumentarán los “gastos reservados”, que es la vía libre para manejar fondos sin facturar. Además, se dio el OK para crear la Agencia Córdoba Agro, donde tampoco rendirá cuentas. En paralelo a ello, se propone unificar los fondos de los consorcios de camineros y de las cuencas. Es decir: se mezcla la plata para la inversión rural y para regular el agua. En el momento que se aprobó eso, su humilde servidor llevaba días con las canillas abiertas sin que salga nada.

Y a la vez, en ese mismo jueves movidito para La Libertad Avanza, el Concejo Deliberante de la ciudad capital aprobó doce emprendimientos inmobiliarios, pedido por enormes empresas involucradas en el financiamiento de la campaña del oficialismo provincial. Encima, esto lo denuncian los concejales opositores, ligados a Juntos Por El Cambio, que fueron los mismos que avalaron esos mismos convenios en la gestión del intendente radical anterior.

Y para colmo de los colmos: tanto en la Legislatura como en el Concejo, estas iniciativas fueron aprobados por ediles que anunciaron que van a votar a Sergio Massa.

Todo esto fogonea más el hartazgo a la política, y con ello el ascenso de las ultraderechas, como ya lo hace el silencio de Juan Schiaretti.

Son todos lo mismo

Son las 19 horas. Hora programada para el evento. Las dos cuadras de la Avenida Yrigoyen ya están llenas. Milei todavía no aparece.

-¿Cómo va la venta de choris?- le pregunto a una doña con su puestitio.

-Y… más o menos.

-¿No le están comprando?

-No mucho.

-¿Considerás que esta marcha es distinta a otras?

-Na… para mí, son todos lo mismo.

Muchos se amontonan cerca del escenario. En la mitad de atrás de la concentración, hay una presencia más familiera y transversal. “Estoy acá por ellos”, me comenta uno de los presentes, mientras sostiene a su hijo de siete años en sus hombros. Son varios padres que tienen a sus criaturas haciendo upa. “Estamos hartos que nos roben”, me sigue comentando.

Quienes hablan resaltan la presencia juvenil, en particular las que ejercen la actividad universitaria. Es decir, quienes habitan el barrio Nueva Córdoba. No cualquier estudiante puede alquilar allí un departamento. Según un mapeo de Catastro y de la entidad de investigación IDECOR, las tierras más cotizadas de la provincia estan en los alrededores de la Plaza España, que está detrás del escenario. El valor del inmueble supera el millón de pesos el metro cuadrado; 40 veces más que el valor mediano de toda la capital. En los pisos más altos de esos inmuebles, aparecen en sus balcones gente muy entusiasta: sacan una bandera, lanzan un humo colorido, saltan y gritan. Ni siquiera cuando ganó Argentina en el último Mundial se los vio tan eufóricos.

Hay como tres cámaras drones volando por los aires. Uno de los que lo comanda lleva puesta una gorra negra con la frase en letras amarillas “Las fuerzas del cielo”. Le pregunto algunos si saben qué significa. “Algo religioso”, me responden. “Los que están más apegados a Milei saben de qué se trata”, me contesta otro. Aparece otra gorra, de color roja con letras blancas: “Make America Great Again”, recordado latigillo de Donald Trump. Justo aparece una bandera argentina por arriba. “Che Lea, ¿viste que aparecieron unos ‘copitos’ en esa marcha? Muy sugerente, ¿no?”, me comenta un colega, en referencia al riesgo de violencia política. Yo le dije que no se deje influir por la paranoia: en general, esos productos azucarados aparecen cuando hay presencias infantiles. Y que precisamente lo hubo.

Finalmente, llega Milei en un auto, por uno de los caminos que cruzan la avenida. Se sube a saludar a su multitud, con el rugido de La Renga de fondo. “¡Mile! ¡Milei!”, se desespera un nene para saludarlo. El vehículo tarda en llevarlo al escenario. Se calcula que unos veinte minutos. A la misma velocidad que el día se oscurece.

Ya en el escenario, el candidato a presidente inició con el clásico canto y luego, como él lo llamó, un “parroquial”: “Córdoba me dio mi mejor regalo”. Desde abajo, todos eufóricos. “Córdoba me regaló a Conan, que es cordobés”. La euforia ahí fue más modulado, tal vez porque creyeron que su líder se refería a ellos mismos. Del resto de su alocución no fue distintos a otros; quien viene siguiendo sus intervenciones, sabe que es muy frecuente la reiteración de conceptos y su jerarquización. A lo sumo, la sorpresa fue la aparición de Patricia Bullrich, al que la presentó como una “gran oradora”. De ser así, no fue este caso.

Mientras tanto, ya en el fondo de la concentración, Marcos vende algunas banderas y gorras. Me comenta que viene de familia peronista, que vivió gran parte de su vida en la Patagonia, donde la causa es Malvinas es muy fuerte, y que fiscalizó para el Frente de Todos en 2019. Hoy, decepcionado y sin estar de acuerdo en todo, votará por Milei: “La Argentina de hoy no es ni peronista, ni liberal. No hay doctrina, se perdió la doctrina peronista”. Me retiro y me entrega una tarjeta sobre su emprendimiento en Capilla del Monte: ofrece servicios pachamamísticos, incluyendo predicciones.

Se estima una convocatoria de entre 15 mil y 17 mil personas. Muchos colegas -sin importar el medio de comunicación en el que trabajan- se expresaron muy molestos con Edu Feinmann, al comentar al aire en La Nación+ que hubo 300 mil personas presentes en Córdoba. “Che Edu, ¿no tienen en el canal a un movilero que les explique cuánto es el estimativo real?”, le responden. De hecho, algunos tuvieron que exponer un mapeo para poder explayar la cuantificación de la convocatoria. Hay consenso que fue “mucha”. Pero no quiere decir que fue “multitudinaria”. La actividad que había hecho Mauricio Macri en las elecciones del 2019, el “Sí se puede”, tuvo mucho más adhesiones, según algunos archivos que algunas cuentas de las redes sociales recuperaron.

Pero sea mucha o multitudinaria, desde adentro hay una cuestión a tener presente: es una masa que sea niega a aceptar que Milei pierda el balotaje. “No hay forma que gane Massa”, insistieron, con cara enfática de rechazo a creerlo. Toda una alarma sobre lo que implicaría un triunfo holgado (o no tanto) para el oficialismo, e incluso para el resto del país. Las denuncias de fraude, que se eyectarían del palabrerío en TikTok hasta una acción más directa en las calles, es la otra cara de la moneda, ante esta presencia nutrida de niños que gritaban por su ídolo, hasta personas de la tercera edad que vinieron en silla de ruedas.

Ya son las once de la noche. La doña que vende choripanes sigue en pié. Le pregunté qué le pareció el cierre del evento. “Nada interesante”, me comenta. También tildó a Patricia Bullrich, que estaba arriba del escenario, como “vieja borracha”. Me entero por el celular que las redes sociales publicaron como fake una imagen aérea de la actividad concluída, y que se trató de la Marcha de la Diversidad realizada hace pocos días en esta misma ciudad, y que fue mucho más numerosa.

Sin que le mencionara de ese dato, le pregunté cuántos choris vendió. “Y… como cuatro. En la Marcha de la Diversidad habré vendido como 40”.