Pensamiento Crítico

5 sentimientos que no quisiera despertar cuando propongo que CONICET debería crear un Plan Federal de Investigación en Economías Populares

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  1. Que desmerezco las muchísimas investigaciones que existen en esa dirección.

Nada quisiera yo más que alguien me dijera “Mer, lo que proponés ya existe y se llama X, andá a trabajar con ellxs”.

Y sin embargo, hay un sentido específico en el que estoy segura de que lo que propongo no existe. Hay grupos de investigación trabajando en temáticas que bien podrían ser parte de un Plan Federal, pero no hay una decisión institucional explícita que busque articular a todxs esxs investigadorxs en un planeamiento interdisciplinario.

Más aún: mi propuesta no tiene tanto que ver con la creación de nuevas convocatorias para la creación de una nueva área (como lo fueron las becas para Temas Estratégicos), sino más bien la posibilidad institucional de permitir que trabajadorxs de CONICET que hoy trabajan en otros temas puedan dedicarse (aunque sea temporalmente) a contribuir en la construcción de herramientas que nos saquen de la crisis económica y climática.

2. Que nadie se sienta obligade a participar.

No es mi intención entrar en el debate moral acerca de qué tan abstracta o artística puede ser una investigación subsidiada por el Estado en un periodo de crisis. El miedo a las medidas que buscan redistribuir la riqueza es que la gente siempre está temiendo que le quiten lo que es “suyo”. Del socialismo odiamos (con justa razón) su manía por forzar a las instituciones a que respondan a la política de Estado, quitándole autonomía. Se nos vienen a la mente mundos grises y homogéneos donde el arte quedaría reducido a la reproducción de la cara de un Líder Supremo.

Es un miedo muy válido y que merece mucha atención. En todos los Estados está presente siempre un ideal de ciudadano que se cuela en las instituciones y produce racismo, clasismo, machismo, transodio, etcétera.

Y aún así, en toda organización colectiva se toman decisiones acerca de qué se valorará más, qué menos. Decidir qué queremos priorizar en común acuerdo con otras personas y seres no debería ser un problema. El problema surge cuando son un puñado de hombres blancos heterosexuales los que toman esas decisiones por todes.

A mí no me cabe duda de que si mañana CONICET presentara un plan de emergencia económica en el que se permitiera a 20 trabajadorxs por provincia poner sus investigaciones en pausa por un año, para dedicarse a desarrollar un plan económico y político que tenga el fin de frenar la desigualdad, mañana mismo tendríamos a cientxs investigadorxs dispuestes a formar parte de ese proyecto.

3. Que creo que tiene que ser CONICET por alguna razón academicista.

La única razón por la que elijo CONICET es porque ha sido esa la única institución para la que he trabajado y mi experiencia me ha hecho ver que muches hemos sentido la misma impotencia cuando vemos que nuestro trabajo no impacta en el mundo de la forma que esperábamos.

Yo misma amo mis investigaciones en Relatividad General y obvio me gustaría que alguna vez pueda volver a ser mi prioridad, pero hoy no puedo evitar sentir que hay problemas más urgentes a resolver. Aunque, de nuevo: para que el Plan funcione la propuesta debe surgir desde las instituciones como una invitación, no como una obligación.

Y por supuesto, cuánta más instituciones y personas se involucren con el proyecto, mejor.

4. Que quiero la cabeza de los millonarios y la expropiación de la tierra.

Con gusto me sentaría a ver cómo las élites blancas lo pierden todo, pero sinceramente no creo que una estrategia de choque sea lo más conveniente (más teniendo en cuenta que ellos manejan las fuerzas policiales y militares). Por supuesto modelar un Estado implicará estudiar cómo las élites están involucradas en el flujo económico del país, pero el foco de un Plan debería estar puesto en la creación de un nuevo sistema económico colectivo que en pocos años haga ver al capitalismo como un absurdo juego de niños caprichosos y conservadores.

5. Que creo estar inventando la rueda.

Nadie inventó la rueda. Lo más probable es que la rueda haya estado ahí y lo que cambió nuestras vidas para siempre fue empezar a usarlas para facilitarnos las tareas y/o darnos placer.

En términos de ego, me gusta más bien pensarme como una medium. Mi fantasía no es tanto que sean mis herramientas las que nos ayuden a salir de la crisis, sino más bien que sea mi capacidad para conectar con el deseo de las personas la que hoy me permite el atrevimiento de proponer un Plan Federal de Investigación que a mí entender sería alegremente recibido por la amplia mayoría de la población.