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40 años de democracia y militancia popular (2da parte)

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Intentaremos hacer una mirada de las condiciones y ejes ordenadores de la militancia a lo largo 40 años de la democracia; entendiendo que en ese proceso histórico se encuentran muchas de las claves para entender la etapa en la que hoy nos toca actuar.

Por Pablo Blank (MCC)| Ilustración: Fuska.visual

Este escrito tiene como objetivo aportar a un debate, cada vez mas necesario, en relación a los desafíos y condiciones que marcan el momento histórico que nos atraviesa y en el cual nos seguimos proponiendo actuar e intervenir como militantes (y organizaciones) populares. Intentaremos hacer una mirada de las condiciones y ejes ordenadores de la militancia a lo largo 40 años de la democracia; entendiendo que en ese proceso histórico se encuentran muchas de las claves para entender la etapa en la que hoy nos toca actuar.

De más está decir que no pretende ser un análisis completo ni mucho menos acabado del proceso y de la realidad histórica en la que estamos inmersos. A menos que uno sea García Marquez, la realidad siempre es mucho mas compleja y diversamente vital que nuestra capacidad de reducirla a palabras y conceptos de análisis. De ahí que, seguramente, este análisis pueda ser un poco esquemático o limitado. Pero lo importante es (ante todo) generar el debate del cual saldrán las respuestas más profundas. Intenta ser un punto de partida mas que de llegada, un disparador mas que un blanco.

La primera parte de este ensayo que va de la vuelta de la democracia a la crisis del 2001 puede leerse acá.

La democracia como retorno

La llegada de Néstor Kirchner al gobierno marca el inicio de una nueva etapa y, sobre todo, instala en el movimiento popular un profundo y desestabilizador debate: el de la posibilidad de construir fuerzas dentro del estado.

Profundo y desestabilizador porque puso en cuestión todo el andamiaje ideológico construido por la militancia popular en los años de la resistencia y el desencanto democrático al poner frente a las organizaciones populares la
posibilidad y, porque no, necesidad, de integrar fuerzas políticas de gobierno como forma de avanzar en la generación y el sostenimiento de cambios sociales.

Evidentemente el contexto del avance de las fuerzas populares en otros países (Venezuela, Brasil, Uruguay, Bolivia) marcaba a esta nueva etapa donde el concepto de cambio social parecía haber vuelto al diccionario de la militancia política. Pero esto no solucionaba los debates internos ni tampoco la claridad de cómo tenía que llevarse a cabo esta nueva etapa.

Lo cierto es que esta nueva etapa implicó una profunda crisis dentro del movimiento popular que sufrió rupturas internas, reorganización de fuerzas y nuevas experiencias de movimientos sociales que empezaron a participar del esquema de gobierno (con todas las tensiones que eso implicaba hacia adentro). “Construir en todos lados, en los territorios y en el estado, porque la realidad se puede cambiar”, fue de alguna manera el eje ordenador de esta etapa que tuvo un dato fundamental que merece ser incluido en los análisis y reflexiones de los movimientos populares: ¿hasta qué punto desde el estado se logró avanzar en una agenda de cambio (o popular) mucho más allá de las fuerzas que realmente tenía el movimiento popular para sostenerlo y desarrollarlo? Esta es quizás la principal pregunta que nos deja esta etapa, junto a otra no menor que también necesitamos profundizar y asumir sin rodeos: ¿Qué fue lo que realmente se pudo cambiar en la década ganada?.

De alguna manera la derrota electoral del 2015 nos puso de frente a estas preguntas y nos llevó a la necesidad de reagrupar fuerzas y reordenar estrategias (al tiempo que nos permitíamos dimensionar hasta donde llegaba la capacidad de la nueva derecha institucionalizada de avanzar sobre lo logrado). Fue una gran luz roja que, podríamos decir, se transformó en amarilla con el retorno del peronismo en el 2019 con una nueva doble certeza que marco lo novedoso de la etapa más cercana: así como la nueva derecha no logró construir la legitimidad y el poder capaz de desarmar todo lo logrado, el nuevo esquema de gobierno peronista esta muy lejos de tener la vitalidad y la capacidad de la década kirchnerista para intervenir en la realidad desde un horizonte transformador y popular (el cual todavía merece ser dimensionado en función de las dos preguntas que proponíamos anteriormente).

La democracia como incógnita

Nos encontramos quizás atravesados por una de las etapas de mayor desconcierto y confusión de los últimos 40 años quizás, va como hipótesis, porque se trata de un momento histórico donde han tomado forma, o se han sintetizado, distintos procesos novedosos que han modificado el escenario en el que nos movemos. Se trata, y quizás esa es parte de la novedad, de un desconcierto activo. Hacemos, en tanto militantes populares, muchas cosas y en territorios, espacios y dimensiones muy distintas. Sostenemos organizaciones, desarrollamos territorios, movilizamos en las calles, nos insertamos en estructuras partidarias o construimos esquemas nuevos de participación, generamos canales nuevos de difusión de las ideas y disputamos en los espacios ya constituidos. Pero aun así, hay una sensación de dificultad a la hora de poder clarificar hacia donde va toda esa energía puesta en el hacer. Donde se acumula todo eso, a que proceso aporta, cual es la prioridad en este etapa y, sobre todo, y lo mas importante, si estamos logrando cambiar algo de la realidad con toda esa vida puesta al servicio de la militancia organizada.

El múltiple hacer se nos llena de preguntas: ¿Cuánto de la agenda histórica del movimiento popular se logro resolver y cuánto sigue vigente? ¿Qué nuevas agendas se suman? ¿Por dónde pasan hoy los conflictos capaces de activar las fuerzas movilizadoras y organizativas? ¿Cuánta energía debemos poner en los territorios y cuanto en la construcción político electoral? ¿Cómo generar un diálogo nutritivo entre ambas dimensiones? ¿Debemos disputar desde las estructuras mayoritarias o generar nuevas experiencias que expresen en lo político-institucional algunas de las improntas que marcan la construcción de las organizaciones populares? ¿O es un combinado de ambas cosas? ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo expresar lo acumulado en término de referencias? Cuánto de esas referencias se juegan en lo personal y cuanto en lo colectivo? ¿En dónde radica nuestro poder y cual es realmente nuestra capacidad de transformar la realidad en el actual contexto? ¿Qué lugar le damos a la perspectiva feminista (que excede la sola discusión del cupo de género) en el desarrollo de nuestras estructuras organizativas y en la construcción de las referencias hacia afuera?¿Cómo hacemos los procesos de renovación generacional en organizaciones que, como pocas veces había pasado en la historia, ya tienen mas de 20 años de existencia continua?

Gran parte de estas preguntas, que marcan esta etapa de confusión activa, tienen que ver con el impacto que generaron lo que mas arriba nombramos como procesos novedosos de los últimos años de nuestra historia argentina, y que nos animamos a agrupar de la siguiente manera:

1) Por un lado, el surgimiento y fortalecimiento de fuerza de derecha institucionalizadas que han demostrado una alta capacidad de expresarse políticamente, de gobernar y también de generar nuevo mecanismos institucionales de golpes de estado. Esto marca un cambio muy grande con las etapas anteriores donde la derecha tenia grandes dificultades de generar legitimidad en sus ideas, se expresaba fundamentalmente a través de las fuerzas armadas o del poder empresarial y generaba desestabilización en forma de golpe de estado.

El caudal electoral propio que tiene Cambiemos y el surgimiento de expresiones liberales como la de Milei es una muestra de esto. La derecha liberal institucionalizada llego para quedarse y es un actor con una gran fuerza dentro del sistema político argentino.

2) La tan nombrada alternancia política que vivimos en esta última dos etapas de gobierno son también una novedad y han sido posible por otra novedad de nuestro sistema político que es el surgimiento de los frentes electorales. De alguna manera las grandes fuerzas políticas dejaron de ser el eje motorizador del sistema democrático para que ocupen su lugar las alianzas y frentes políticos que expresen de alguna manera dos grandes bloques de pensamiento: la centro-derecha por lado y el centro-progresismo por otro. Esto genera nuevos condicionamientos y particularidades en el juego político institucional y de alguna manera también va estrechando los límites de lo que es posible realizar en los márgenes del juego institucional. Por otro lado, obliga a fuerzas populares a plantearse seriamente la necesidad de construir y de aportar al fortalecimiento de esas alianzas progresistas como forma de limitar el avance de la derecha. Un nuevo debate y juego de equilibrio entre la construcción territorial y la participación en esquemas de gobierno se abre en esta nueva etapa histórica.

3) Otro dato fundamental que es novedoso, y que es resultado sobre todo de la época de kirchnerismo, es el avance del estado en los territorios. Esto que en los 90 de alguna manera se veía alejado, y que el macrismo no desarmo sino que le imprimo otra impronta, implica un nuevo contexto de acción en gran parte de las organizaciones sociales. Nacimos en los territorios frente al vacío que dejaba el Estado, organizándonos a partir de resolver colectivamente lo que de alguna manera le tocaba hacer al estado. Hoy que el estado está presente, con las distintas improntas que tiene según el esquema de gobierno que gestione ese estado. Se nos vuelve a la organización la pregunta en relación a cuáles son los límites y legitimidades de nuestra acción y por dónde pasa la demanda hacia el estado o hasta qué punto la presencia estatal resuelve integralmente los problemas del territorio. Evidentemente esta discusión es muy distinta a la discusión de los ́90 de cuando nacimos muchas de las organizaciones sociales.

4) El feminismo como un nuevo marco de interpretación de la dinámica social y de la acción transformadora es también un punto novedoso, ya que ha puesto en tensión y en discusión el eje del poder tanto a nivel institucional como a nivel de las organizaciones populares. Toda nuestra práctica esta marcada por estos nuevos debates, más allá de cuánto los hayamos asumido o no, y aun sabiendo que es más lo que falta que lo que se ha avanzado. Hoy difícilmente exista una organización que no haya sido atravesada por estos debates, ya sea en términos de ampliación de practicas, miradas y territorios de construcción, como de crisis, rupturas y refundaciones.

5) Otro dato fundamental y novedoso que vale la pena dimensionar es la gran acumulación de poder que han logrado las organizaciones populares, tanto en los territorios, como en la calle, la agenda mediática y en la presencia en la estructura de gobierno. Así como la derecha institucional llego para quedarse en el escenario político de la argentina algo similar pasa con los movimientos sociales. Nos queda para quienes somos parte de la militancia que la construye y sostiene día a día la enorme tarea de dimensionar realmente en que consiste ese poder y hasta donde llega la capacidad de intervenir y modificar la realidad que trae aparejado. Tarea necesaria para no sobreestimar ni subestimar las propias fuerzas.

Todas estas dimensiones novedosas que podemos ver en esta etapa que nos toca atravesar, fueron de alguna manera complejizadas por los efectos de la pandemia y, fundamentalmente, por el avance de nuevas formas de instalación y condicionamiento del capitalismo sobre nuestras mentes, cuerpos y corazones. El lugar de la virtualidad y de las nuevas estrategias de generación de pensamiento hegemónico, del control algorítmico sobre nuestras vidas, de la bancarización de lo cotidiano, la robotización de los procesos productivos, la profusión alevosa del consumismo y del individualismo masificado, son algunos de los tópicos que nos siguen mostrando la enorme capacidad de reinvención del sistema capitalista y nos lleva a la necesidad de preguntarnos que efecto tienen en la vida cotidiana de los territorios y en el desarrollo de las estructuras y dinámicas organizativas.

Evidentemente una manera de hacer las cosas viene siendo cuestionada desde estos nuevos tópicos que se profundizaron en los últimos años.

Epílogo o reflexión final

Atravesados por esta nueva etapa histórica que nos toca vivir (y en la que decidimos seguir actuando) y con estos 40 años de recorrido sobre las espaldas, quizás nos urge preguntarnos, como lo hizo Lenin hace mas de 120 años: ¡¿Qué hacer?!

La respuesta seguramente tendrá que venir de la propia práctica y reflexión del campo popular. Si algo aporta este escrito a ese proceso entonces habrá tenido sentido.